25 de octubre de 2020: Un relato desde Buenos Aires

25 de octubre de 2020: Un relato desde Buenos Aires

26 Octubre 2020

El lugar designado para votar, así como en las elecciones presidenciales del 2017, es uno de los edificios de la Dirección Nacional de Migraciones en Retiro, un barrio que siempre me ha parecido raro, quizás porque contiene en un mismo perímetro al puerto de Buenos Aires.

Carla Novak >
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Puse el despertador a las 9 am. Despertar a esa hora le permitiría a mi lentitud desplegarse con tranquilidad y estar lista a eso de las 15 horas para ir a votar.

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El lugar designado para votar, así como en las elecciones presidenciales del 2017, es uno de los edificios de la Dirección Nacional de Migraciones en Retiro, un barrio que siempre me ha parecido raro, quizás porque contiene en un mismo perímetro al puerto de Buenos Aires, edificios residenciales de cuicos, tres grandes estaciones de tren, el hotel Sheraton y al frente, la Villa 31, una de las villas miseria más emblemáticas de la ciudad. Y entre el hotel y el puerto, ahí está el local de votación de la comunidad chilena. Allí es donde muchxs tuvimos que hacer el trámite de radicación para ser categorizadxs como legales.

A las 13 horas ya estaba lista y pienso en que podría haber dormido más. Pero la ansiedad es tremenda. Llueve a cántaros, ha llovido toda la semana. Me puse de acuerdo con una amiga para llegar juntas a Retiro, también estuvo lista antes. Tuvimos que sacar permiso para circular, seguimos en cuarentena desde marzo y siento que pasó tanto tiempo que no logro imaginar el día en que se acabe. He salido algunas veces y nunca pido permiso, piden muchos datos y eso no me gusta. Pero esta vez lo saqué, quería asegurarme de no tener ningún inconveniente. Llegué antes que mi amiga, le escribo preguntándole si quiere que la espere o si entro no más. No esperé respuesta y entré.

Había bastante gente, nadie conocido, muchxs de lxs chilenxs con lxs que compartí mis primeros años en este país se han ido. Hay nuevas caras que adivino debajo de las mascarillas, nuevas generaciones, estudiantes en su mayoría. También llegan lxs más antiguxs, aquellxs que llevan más de 40 años viviendo acá, como escucho decir a un hombre que conversaba con una chica. Hay 6 mesas, de la 1 a la 3 no había casi gente, de la 4 a la 6, largas filas que no terminaban de quedar resguardadas bajo los toldos blancos que instalaron para protegernos de la lluvia (aunque a esta hora ya no llueve). No pregunté la causa de esa diferencia. Entré rápido, me rosearon las manos con alcohol, mi mesa era la 3, solo una chica antes de mí. Había un ambiente de tranquilidad, no hacemos mucho ruido, nos tratamos amablemente, como intuyendo una alegría.

La comunidad chilena en Buenos Aires a duras penas podría llamarse una comunidad. Nos reunimos para momentos o causas especiales, específicas. Luego de eso, los espacios de encuentro son pequeños o duran poco. Quizás siento esto porque casi no participo de las actividades que se realizan, en la medida en que mi familia argentina fue creciendo, ya no necesité tanto de ese cobijo de aquello que compartimos que se supone nos hace chilenxs. Y entonces sea lo que sea eso que llamamos chilenidad se me instala en una lejanía a la cual puedo acceder cada vez que necesito o que se me aparece sin previo aviso en lo que digo, en lo que hago, en lo que añoro. Y también al momento de estar sola frente a la papeleta. La miro, la leo y cuando voy a marcar Apruebo, me emociono y no entiendo por qué. Yo, que no creo en el Estado y que siempre desconfío de toda institución, ahí estaba emocionada y alegre. Me aseguro de haber marcado bien Apruebo y Convención Constitucional, vuelvo a marcar sobre la línea que ya hice un par de veces como una maniobra reiterativa.

Sabemos que esto no significa un cambio concreto y rápido, las prácticas de violencia que ejerce el Estado y la elite sobre nosotrxs seguirán dándose y hasta podrían recrudecer. Además, no hay ningún lugar de plenitud donde arribar. Pero creo profundamente en la potencia de los gestos. Y si se abren pequeños espacios para disputarle el poder o al menos hacer temblar un poco a los de siempre, quiero estar ahí. Quiero participar de esta alegría compartida.

Hoy tengo ganas de creer que re-escribir una constitución será un gesto, una marca, una huella, que desarticule algo de esa violencia estatal que nos oprime y nos angustia y que nos hizo gente triste. Un gesto que quiere encontrar un porvenir, siempre incierto pero cargado de potencia creadora. Lo que ocurrió el 25 de octubre de 2020 es un hito histórico porque deja de manifiesto que las políticas neoliberales fracasaron porque van en contra de la vida y su diversidad de formas. El levantamiento popular nos permite imaginar otros modos de vincularnos y de participación. Independiente de lo que pase de aquí en adelante y de las desilusiones que quizás vamos a vivir, el gran poder que ha tenido todo este proceso es permitirnos imaginar otro futuro, algo que hace muy poco tiempo nos costaba hacer.

Salimos del edificio de Migraciones y ahora sí me encuentro con varixs conocidxs, algunxs me permiten el abrazo, otrxs no y lo entiendo. Pero la alegría del encuentro está. Con mi amiga caminamos y charlamos largo, a pesar de la severa humedad. Vuelvo a casa y estoy contenta porque hoy pasó algo distinto.

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