Si pudimos votar: Podemos trabajar

18 Noviembre 2020

El gobierno hasta el momento no ha dado respuesta. No tienen apuro. Los políticos y los empleados públicos tienen sus sueldos asegurados. Al parecer no consideran la llamada desesperada de los que trabajan en turismo y tampoco las recomendaciones científicas que desestiman las cuarentenas.

Robert Weissohn >
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La semana pasada, se llevaron a cabo sendas caravanas de protesta en Punta Arenas y en Puerto Natales. Miles de autos con empresarios grandes, medianos y pequeños, ejecutivos, empleados y trabajadores del sector del turismo se manifestaron todos juntos para pedir algo tan sencillo y básico como que les dejaran trabajar.

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La cuarentena a la que estamos sometidos fue soslayada momentáneamente para que pudiéramos votar en el plebiscito reciente, pero fue restablecida al día siguiente y los hoteles, hostales y restaurantes continúan con prohibición de abrir, amenazando con arruinar la próxima temporada de turismo, lo que provocaría la quiebra de cientos de empresas, generando pobreza en miles de familias.

El gobierno hasta el momento no ha dado respuesta. No tienen apuro. Los políticos y los empleados públicos tienen sus sueldos asegurados. Al parecer no consideran la llamada desesperada de los que trabajan en turismo y tampoco las recomendaciones científicas que desestiman las cuarentenas para el control de la pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera las cuarentenas como una medida extrema que serviría para ganar tiempo en situaciones críticas. Pero en Chile el tiempo ya se agotó tras ocho meses de restricciones, mientras se atropellan los derechos humanos más básicos, como son la libertad desplazamiento y de trabajar, además de condenar al hambre a una buena parte de la población.

Pero más importante aún fue la “Declaración de Great Barrington” formulada el 4 de octubre pasado por los científicos mundiales más calificados en epidemiología. Ellos consideran que las cuarentenas son negativas para la salud pública, ya que incidirán en un aumento de la mortalidad futura por menores tasas de vacunación, disminución de los controles médicos y el deterioro de la salud mental.

Abogan en cambio por una protección focalizada en los grupos de mayor riesgo. Hay una enorme diferencia en el riesgo que corren los viejos frente al de los mas jóvenes. La vulnerabilidad es más de mil veces mayor en los ancianos y débiles que en los jóvenes. Para los niños, por ejemplo, el covid-19 es menos perjudicial que muchos otros peligros, incluyendo la influenza. La “Declaración de Great Barrington” plantea permitir que los jóvenes vivan sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad a través de la infección natural y focalizar las acciones de salud pública en proteger solo a los de mayor riesgo (viejos y débiles). Así se lograría la inmunidad de manada que nos permitiría retomar la normalidad en un plazo tan corto como tres meses. Proponen la apertura presencial inmediata de escuelas y universidades, así como de todas las actividades laborales para los adultos jóvenes de bajo riesgo, mencionando específicamente la apertura de los restaurantes.

Hasta ahora hemos soportado, con mayor o menor resignación, la permanente aplicación de la fuerza por parte del Estado para intervenir el orden espontáneo que se forma de la interacción libre y voluntaria de la gente. Pero esta vez han ido demasiado lejos. Están utilizado el poder monopólico de la violencia del que están facultados, para impedir por completo la acción humana en muchas áreas de la economía, asfixiando el mercado que es el mecanismo para generar los recursos que permiten vivir.

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