Si algún día nos encontramos: Pequeñas reflexiones sobre el quehacer artístico de hoy

Si algún día nos encontramos: Pequeñas reflexiones sobre el quehacer artístico de hoy

07 Octubre 2020

El espacio escénico en el que convertimos nuestras casas nos queda chico. El encierro nos desgasta, nos fatiga. La cantidad de cosas para ver/escuchar/leer online nos agobia y los sitios de streaming de series y películas terminan por ganar en la batalla.

Carla Novak >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Invitado

Virus. Cuarentena. Bla. El espacio público desdibujado, enrarecido, peligroso, casi prohibido. Nuevas normas para que el espacio público que uses sea lo más privado posible, lx otrx puede ser una amenaza. Otras reglas para compartir el espacio, la interacción, el intercambio. Reconfiguración de los cuerpos, el comportamiento y las rutinas: la mascarilla, el lavado de manos, la ropa, las compras, pedir permisos, los paseos, dudar de saludar con un abrazo a unx amigx.

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Ni hablar del encierro, acá en Buenos Aires ya van más de 6 meses de cuarentena obligatoria. La espacialidad cambió. Quizás ya no tenga sentido hablar dicotómicamente de lo público y lo privado, las fronteras se pierden (ya venían perdiéndose antes del virus) y ahora solo nos queda hablar del interior y el exterior, del encierro y el afuera.

Esta nueva disponibilidad de los espacios y sus usos, ha puesto en un lugar más que incómodo a lxs artistas, sobre todo a lxs que trabajamos con los espacios compartidos, esos que dábamos por supuestos y que de pronto desaparecieron (o al menos se redujeron radicalmente): los teatros, las salas de concierto, los salones de ensayo y talleres, las galerías, los centros culturales, la fiestas, los parques, la calle. Y mientras pasaban las semanas, la urgencia de la creación artística se presentaba como un zumbido molesto en nuestros oídos. Empezábamos a hacernos la idea de que esto era para largo, económicamente vulnerables y precarixs, sabemos que no son tiempos para esperar en silencio a que todo pase. Entonces nos adaptamos, o eso intentamos.

¿Qué espacios de encuentro nos quedan? ¿Dónde y cómo circulan las obras ahora? Ocupación del ciberespacio, adaptar todo lo que se pueda a la manera online. Algunxs lo hicimos, otrxs optaron por no hacerlo. Nos abrió nuevas posibilidades, nos sedujo un poco, adquirimos nuevas herramientas, trabajamos con otras materialidades, se producen lindos encuentros cuando las distancias geográficas ya no son un impedimento, pero diría que lo virtual no nos convence del todo. Por más que la tecnología sea ya parte de nuestros cuerpos, la máquina agota. Necesitamos momentos de desacople o simplemente estas formas de intercambio de afecciones no bastan, no alcanzan, la potencia del encuentro físico se reduce a una mínima expresión: el encuentro de nuestras imágenes y las sonoridades de nuestras voces.

El espacio escénico en el que convertimos nuestras casas nos queda chico. El encierro nos desgasta, nos fatiga. La cantidad de cosas para ver/escuchar/leer online nos agobia y los sitios de streaming de series y películas terminan por ganar en la batalla de lo que aparece en nuestras pantallas. Pero es lo que tenemos. Hoy por hoy (y hace un par de siglos) hacer arte muchas veces tiene que ver con sortear la adversidad, apostando al riesgo de poder encontrar algún intersticio en donde nuestra existencia es posible.

Lo virtual está bien por ahora, creo. Pero siento que va siendo momento de pensar otros espacios para el arte independiente, en vista y consideración de que el futuro próximo será más o menos así, y que, evidentemente, tenemos que comer. ¿Cómo hacer arte en un mundo del cambio climático? ¿Cómo hacer arte en un mundo en donde la amenaza de los virus reconfigura nuestros modos de vida y de circulación? ¿Qué espacio le queda al arte? ¿Qué espacio se va a inventar? Algunxs ocupan espacios más pequeños en el exterior, aperturando momentos en la calle, en la ventana, en el balcón. Sin querer, quizás, estamos inmersxs en la tarea de construir las condiciones en las que nuestras prácticas puedan darse, armando, inventando, probando, siempre con la esperanza en aquel horizonte que no deja de alejarse de nosotrxs en donde sea posible volver a encontrarnos.

La Culpa, La MaríaCuco Teatro.