Un adulto mayor habla por los adultos mayores (I Parte)

Una de las tendencias de hoy en día es que muchas personas hablan por nuestros abuelitos, creyendo que a través de sus opiniones y acciones representan a los adultos mayores siendo que en muchas ocasiones no es así, como nos cuenta Horacio Flores Serrano.

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30 de Agosto, 2011 06:08

¿Podría decirme usted cuantas veces ha tenido la oportunidad de leer a un viejo refiriéndose a o dirigiéndose a sus pares? Probablemente ninguna. ¿Es que los adultos mayores no escriben? En Maipú funciona un Taller con dieciocho escritores y en Rancagua un grupo de catorce ya ha entregado al público los libros “En Rucamábhida” y “Letras y Letritas de Abuelos y Abuelitas”. Si lo duda, en la sección “Buscar con Google” de Internet escriba los nombres de los dos libros, sólo eso y recibirá detallada información. En la contratapa de “En Rucamábhida” dice: Escrito por adultas mayores de modestos recursos económicos y baja escolaridad.

El aumento de los adultos mayores (Correcto es el uso de vejez, el extremo opuesto a niñez y que el descuidado sinonimia con roto, usado, inservible) Somos viejos sin que los errados sinónimos puedan aplicársenos ya que la Naturaleza ha dispuesto para todos los seres vivientes un agotamiento progresivo de las condiciones y funciones fisiológicas. Agradecemos los eufemismos creados por quienes nos quieren. El notable aumento de la población mayor ha originado cuatro posiciones frente a la vejez: Los que nos quieren porque sí, porque les nace querernos sin esperar nada de nosotros. Luego están los que mienten querernos, ofrecen hacer mucho y pronto por nosotros, nos agrupan, nos usan, nos manipulan para ingresarnos en sus plataformas, el destino de las plataformas es ser pisoteadas. A continuación los indiferentes, suelen decir: ahora les tocó a ellos, luego será a mí. Por último quienes nos aborrecen; ¡Por qué no se quedarán en sus casa en vez de andar ocupando asiento en las micros o estorbando en las calles. Y, se lo digo al oído, escuché: “Estoy esperando que la vieja se muera, voy a tener platita para darme una vueltecita por Europa”.

A los adultos mayores no se nos da la oportunidad de decir, son muchos los que están hablando por nosotros, los que saben qué nos conviene, qué debemos hacer y qué no hacer, todo generalmente en estilo instrucción, no explicado ni argumentado. Relataré una experiencia: Un médico me indica que debo beber diariamente entre litro y medio y dos litros de agua. Cometo la imprudencia de pedirle razones y me contesta en tono severo: -Porque debe hidratarse. Hidratar es combinar un cuerpo con el agua, pregunta y respuesta dicen lo mismo. Repetí la experiencia con una enfermera y fue igual. Como entre mis amigos había uno que se negaba a beber agua porque no orinaba casi nada, su esposa me pidió que intentara convencerlo.

Mis argumentos: Mire Luchito, tóquese una mano, la cara, el cuello, ¿siente tibieza?

-Chiss, claro si todavía no estoy muerto.

–Ese calor lo produce su cuerpo quemando parte de lo que usted come, se llama combustión interna y toda cosa que se quema produce una especie de ceniza, aunque no sea igual a la del carbón dentro de usted hay algo equivalente que debe sacarse fuera del cuerpo y eso lo hace el agua que usted toma Esos vasitos de agua le lavan el cuerpo por dentro. Luchito vivió algún tiempo más y un par de veces me comentó que el beber agua lo hacía sentirse mejor. Como dentro de nuestro cuerpo las células se están renovando el lavado interior nos saca afuera los cadáveres celulares. Por eso hay que hidratarse.(¡!?)

Unas pocas veces fui invitado a unas aparatosas reuniones con provisión de carpetas, lápices, folletos instructivos y la insistente declaración de estar recabando nuestra opinión. La ilusión de que alguna vez se nos escuchara acerca de los reales intereses del adulto mayor nunca fue satisfecha. Primero una reunión general con un tema expuesto por un cargado de diplomas y honores apoyado por un data show que mostraba y cambiaba las ilustraciones a toda velocidad. Nada, ni el sofisticado vocabulario del académico ni la velocidad de las ilustraciones demostraba interés en darse a entender por adultos mayores con uso solo de su lenguaje cotidiano, muchos de mala vista y otros con deficiente oído. Luego una separación en grupos al frente de los cuales se instalaba una moderadora que hábilmente conducía hacia las conclusiones previamente decididas. A pesar del té, café, bebidas, galletas y otras golosinas la asistencia a estas reuniones que a veces recibieron el pomposo nombre de seminario fue con asistencia exclusiva de los matriculados en intereses de política contingente.

Los adultos mayores tenemos mucho escuchado de los que no siéndolo han hecho una profesión del hablar por nosotros y son tantos, están en las municipalidades, gobernaciones, intendencias, la caja de empleados particulares llamada luego instituto de normalización previsional y por último algo que ya no recuerdo, un servicio nacional del adulto mayor con sucursales regionales, cajas de compensación y el único que si está proporcionando gratas excursiones por todo Chile con muy buenos traslados y alojamientos para el recuerdo es Sernatur. Los demás pueden exhibir magníficas estadísticas pero al preguntar a los adultos mayores lo más probable es que le contesten: -A mí no me ha tocado nada. Para escuchar al adulto mayor tiene que ser en mesa redonda, mejor si en su centro están las golosinas y tecitos, con un funcionario que tome notas y precise las declaraciones, nada de sentarlo en una asamblea y dirigirlo, confundirlo, enredarlo para obtener declaraciones obtenidas tras agotarlo y de lo que solo se obtiene polvo ensuciado por las manipulaciones. 

Los adultos mayores del presente, nacidos entre las décadas veinte y cincuenta del siglo pasado tuvimos una crianza, educación e instrucción muy diferente a las actuales, pronunciarse en el sentido de qué fue o es mejor carece de importancia , lo que fue, fue, lo que es, es. Entre las diferencias a que aludo estaba el reconocer y agradecer lo bueno o favorable que recibiéramos; las enseñanzas de la infancia son duraderas, persistentes en el tiempo. En la niñez y la juventud de hoy observamos que cuanto se les da lo reciben como si hubiera obligación de dárselos; no es una crítica que se les deba cargar, nosotros los educamos.

Hemos hecho una exposición de lo inconveniente y reconocido lo que hace Sernatur. Este párrafo del agradecer va en dirección a destacar un grupo selecto de seres humanos que quiere a los adultos mayores, como ya dijimos, porque sí, con afecto limpio y desinteresado. Por anticipado pido disculpas a los que teniendo sobradas razones para estar en la lista no figuran porque mi ineficaz memoria de viejo se negó a recordarlos. Comenzaré con el Consultorio Nº 2 de Rancagua que atiende la salud física y mental de seis de las autoras de los libros recordados al comienzo de esta exposición.

Destacan por su interés en los adultos mayores la señora Patricia Mena, asistente social, la señora Edith Salas, enfermera, la señora Santelices, enfermera de la que me fue imposible recordar el nombre. La actitud de permanente preocupación por el estamento vejezimpresionó a un grupo de adultas mayores que decidieron junto a beneficiar su salud atendiéndose en el Consultorio, aportar su esfuerzo en bien ajeno, se trata de once lindas mayores de juvenil y entusiasta prestancia, de modesta capacidad económica, que idearon y pusieron en práctica diferentes iniciativas desde el año 2000 y el año 2009 entre su variado accionar estaba la atención de dieciséis postrados domiciliarios en familias de extrema pobreza.

Todas una vez por semana recibían un aseo completo y la dotación de pañales, jabón, aceite para la piel, papel higiénico. Las visitas de las “señoritas” equivalían a rayitos de sol en medio de la tormenta sin fin que era la vida. Ser –rayitos de sol- es su recompensa. También del Hospital de Rancagua debo mencionar al dermatólogo Dr. Jerez que intuyó mi temor y resistencia a la extirpación de lunares amenazantes de malignidad. Sin que mediaran palabras su actitud y proceder me fue tranquilizando y relajando, la maniobra fue enteramente soportable.

Ya he mencionado dos veces la producción literaria de adultos mayores de la provincia de Cachapoal. En apretada síntesis: Un socio de un club Adulto Mayor de Rancagua ayudado por una nieta “capa en computación” inició, para su club, un revistita que llamó “Chocherías”, años más tarde don Álvaro Morales, Agente de la Caja de Compensación “Los Héroes” decidió auspiciar la revistita financiando 300 ejemplares para ser repartidos entre adultos mayores de las diecisiete comunas de la provincia. “Chocherías” inició una búsqueda de mayores de baja escolaridad con aficiones a escribir la poesía, imaginar un cuento y consignar recuerdos. Se recibieron aportes de San Vicente de Tagua Tagua, Coltauco, Doñihue, Codegua, San Francisco de Mostazal y Rancagua. La Caja los invitó a una reunión desayuno, les entregó un obsequio y diploma, les propuso iniciar un Taller Literario y reunirse una vez por mes en la los salones de la Caja. En octubre del 2007 se publicó ”En Rucamábhida” y ahora en el 2011 se publicó “Letras y Letritas de Abuelos y Abuelitas” Van por el tercer libro, el grupo ha aumentado y ganó a Justina, una brillante cronista de Lo Miranda y a Soledad, una poetisa con méritos literarios de primer nivel.

La Caja Los Héroes continúa brindándoles el uso de sus salones. Si don Álvaro no hubiese estado entre los que quieren a los mayores –porque si- todas las autoras continuarían con sus, usando una palabra que varias sufrieron de su cónyuge e hijos mayores, “chifladuras” muy escondidas bajo el papel de un cajón.

Continuando con reconocimientos.: Para proteger mi salud me inscribí en el Consultorio de Pajaritos y he visto que en términos generales escuchan y responden con atención a los mayores. He tenido la buena fortuna de recibir atenciones de la enfermera Pía Jara Quemada y de la doctora Ana Agudo percibiendo que los viejos tenemos en ellas amigas-porque sí.

En el Centro de Referencia de Salud de Maipú –La Posta dicen los maipucinos- el doctor Ricardo Zúñiga notó que yo era un paciente temeroso que intentaba esconder su ánimo negativo, mi historial en el asunto dentadura comenzó el año 1935 cuando el dentista accionaba su taladro con un pie, algo parecido al pedal de las máquinas de coser, son demasiados años sentándome para abrir la boca sin hablar ni comer. En todas las sesiones el Dr. Zúñiga mostró delicadeza conjuntamente con minuciosidad para proporcionarme la mejor prótesis. Solicité al Dr. Mario Pozzo me ingresara al Servicio de Otorrino para atender los audífonos que uso, no le fue posible acceder pero hizo informarme de otra solución a la que me acogí y en la entrevista también percibí en él un amigo de los mayores –porque sí. Y su negativa me da la oportunidad de recordar que cuando los amigos no pueden, no pueden; Movistar me notificó de un extraño problema que implicaba un cobro de dinero sin tener relaciones comerciales con ellos y ninguna deuda pendiente.

Tengo indicado realizarme un electrocardiograma, lo que indica que por ahí puede haber algún problema, se relatan casos de ataques y hasta muertes por disgustos de esta índole. Me atendió la funcionaria Maricel Pizarro, una querendona de los mayores-porque sí. Su actitud de real interés, las indagaciones en la pantalla, preguntas aclaratorias, la petición de traerle al día siguiente una comprobación de domicilio y un par de formularios que me pidió completar, me devolvió la serenidad y la confianza en que todo se aclararía.

Subí a una micro I 12, me dormí, un pasajero de atrás me tonó de un hombro despertándome, lo hizo por indicación del conductor que detenido en un cruce de dos vías importantes, pensó que ese podría ser mi destino. Al bajarme le agradecí y le dije -Usted es un chofer de muy buena escuela.

En la casa del Adulto Mayor de Maipú conocí a la funcionaria Ruth Pavez, también merecedora de pertenecer a los amigos –porque sí- de los mayores. Nos conviene estar atentos a percibir a estos amigos- la amistad es Una relación de ida y vuelta. Pongamos lo nuestro en una segunda parte de este artículo.

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