Más allá del voto voluntario

La verdadera voluntad de la clase política para con las libertades políticas no es la que se quiere transmitir a propósito de este proyecto.

Imagen de Jorge Acuña
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24 de Mayo, 2011 08:05
Presidente Piñera en ceremonia de envío del proyecto de inscripción automática y voto voluntario al Congreso.

Hace un par de días atrás, cuando la bancada de Renovación Nacional vino a nuestra ciudad, se le preguntó a la diputada Marcela Sabat qué opinaba sobre la pronta aprobación del sistema de inscripción automática y voto voluntario. Ella dijo que valoraba que todos los sectores políticos estuvieran contestes a dar el paso definitivo para concretar esta reforma al sistema político, lo que provocaría la inclusión de más de dos millones de personas a los registros electorales y hará que los políticos y los partidos centren sus propuestas sobre los temas que interesan a los más jóvenes. También escuché a la vocera de gobierno Ena von Baer hablar que le parecía estupendo que se tuviera la voluntad de aprobar este proyecto de ley, porque al aumentar el mercado electoral se le brindaría al sistema democrático la incertidumbre que necesitaría para lograr una mejor competencia entre las distintas propuestas políticas.

También en una columna anterior mencioné lo positivo que sería para la juventud y para el sistema político que se lograra aprobar, en vistas a las próximas elecciones municipales, la inscripción automática y voto voluntario, una de las promesas de campaña y uno de los puntos centrales del programa de gobierno del Presidente Piñera.

Sin embargo creo que la verdadera voluntad de la clase política para con las libertades políticas no es la que se quiere transmitir a propósito de este proyecto. No quiero decir que el proyecto de inscripción automática y voto voluntario sea negativo para las expectativas de mayor participación ciudadana, mayor competitividad electoral y la inclusión de nuevos temas al debate público nacional. Lo que quiero decir es que los políticos nos están diciendo que con la aprobación de este proyecto se está dando un gran paso en lo que a reformas políticas se refiere mientras que por otro lado tratan de seguir concentrando aún más las decisiones de los partidos en unos pocos. El voto voluntario es una arista más de una serie de reformas para liberalizar la política que nuestros legisladores no quieren llevar a cabo.

¿Por qué digo esto? Porque mientras se celebran algunas cosas, otras se esconden. Hubo muy poco debate y preocupación por parte de la prensa y ciertos intelectuales con respecto al proyecto de ley que ponía plazos a la renuncia a un partido político para presentar candidaturas independientes, conocido popularmente como la “ley anti-díscolos”. Era un proyecto lamentable que iba a concentrar aún más el poder de las cúpulas de los partidos políticos en torno a la nominación de candidatos a distintos cargos de elección popular. Una concentración que beneficiaría a las cúpulas santiaguinas en desmedro de las de regiones y a las de regiones en desmedro de las comunales. Al autor de este proyecto de ley, el senador Andrés Zaldívar, no le gusta que una persona que no fue nominada para ser candidato y que legítimamente piensa que tiene posibilidades de ser elegido, renuncie al partido que lo cobija. Dice que ello implica chantaje y presión indebida. Así, según el proyecto si alguien quería presentarse a candidato independiente tenía que renunciar con un año de anticipación al partido, otorgándole mayores garantías al caudillaje de turno en las diversas zonas del país para instalar a sus delfines.

Afortunadamente, el presidente Piñera vetó este proyecto de ley a punto de promulgarse, dándolo por muerto al instante. No obstante ello, resulta completamente reprochable que se haya tenido que llegar a esa instancia para que un proyecto de ese calibre no viera la luz, ya que Pablo Longueira, Camilo Escalona, Ricardo Lagos Weber y José Antonio Gómez se pusieron en campaña para lograr el apoyo transversal a su aprobación, siendo rápidamente aprobada en menos de un año. Sólo un grupo pequeño de diputados condenó este proyecto: los PRI Sergio Aguiló, Marta Isassi, Miodrag Marinovic, Pedro Velásquez, Pedro Araya y Alejandra Sepúlveda; los PC Guillermo Teillier, Lautaro Carmona y Hugo Gutiérrez; el PRO René Alinco; los UDI Gonzalo Arenas y Javier Hernández; los PS Marcelo Díaz y Fidel Espinoza; el PPD Rodrigo González; y, el DC René Saffirio. De mi partido, RN, ninguno.

¿Entonces podemos decir que existe un doble estándar en cuanto a asegurar una verdadera libertad política de los ciudadanos? Yo diría que sí. Mucho más beneficioso por ejemplo sería legislar rápidamente para cumplir con otro punto del programa de gobierno del Presidente Piñera, sobre primarias en los partidos políticos para la participación de sus militantes en los procesos de nominación de los candidatos a cargos de elección popular. Ese sistema evitaría que se produjeran esos “chantajes” y otorgaría mayor legitimidad partidaria a la persona que resulte ganadora. Además se provocaría con ello mayores garantías democráticas a los alicaídos partidos políticos, otorgándoles mayor credibilidad ante la ciudadanía. ¿Pero será que el oficialismo no quiere avanzar en este proyecto porque dividiría a la Coalición, ya que la UDI no quiere establecer ningún sistema de primarias y RN sí querría?

Debemos tener en claro que la crisis de los partidos y la molestia ciudadana que se expresa en sendas manifestaciones y protestas callejeras, pasa simplemente por el hecho que la ciudadanía no tiene otra forma de hacer saber su opinión. Los partidos políticos han sido capturados por el caudillaje, por los clientelismos y las decisiones que toman estos personajes no son consultados a nadie. Se suma a lo anterior otro hecho que frustra a la militancia, el excesivo centralismo de los partidos, que sin importar lo que se haga en una comuna determinada, la decisión final siempre provendrá de Santiago. Ello limita la posibilidad de un debate de ideas, la concreción de proyectos de largo plazo y el interés de las personas por la defensa de valores e ideas desde una posición política determinada, sobretodo en asuntos regionales y locales.

La sola manifestación de un voto cada cuatro años no otorgará la satisfacción suficiente a la ciudadanía, que está ávida de involucrarse aún más en lo que la rodea. Es cosa de ver las redes sociales, la gente tiene opinión, comparte información, debate. Sólo queda darle espacios de decisión, capacitación y educación, en fin, mayor libertad. El camino debería ir hacia la concreción de proyectos como el del defensor ciudadano que lleva 20 años durmiendo en el Congreso, del proyecto de voto programático, del financiamiento público de los partidos políticos, del proyecto de iniciativa popular de ley, del proyecto de plebiscito comunal vinculante, del fin del binominal. ¿Existe voluntad política? Todo lo nombrado anteriormente quita grados de poder, y creo que pocos políticos están dispuestos a tales pérdidas, ante lo cual sobre estos temas me declaro pesimista, aunque el Presidente Piñera tenga toda la voluntad del mundo para darnos mayores libertades políticas. Un nuevo desafío a fiscalizar por la ciudadanía será el envío al Congreso del proyecto de ley que haría que los consejeros regionales sean electos por sufragio popular, anunciado por el Presidente Piñera el pasado 21 de mayo. Veremos qué pasa con nuestros legisladores.

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2 Comentarios

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Imagen de ana maria

    cuando existe un sistema

    cuando existe un sistema binominal no vale la pena ir a sufragar, ya que como ciudadana no eligo simplemente ratifico. Me agrada el vto voluntariopara no sufragar nunca mas. No me gusta este sistema politico que existe en Chile.

Imagen de Roberto Alfredo Olivares Pizarro

Jorge, siendo partidario de

Jorge, siendo partidario de la inscripción automática - voto voluntario y de la realización de "primarias" al interior de partidos y conglomerados políticos para la designación de los candidatos a elecciones populares, creo éstas y cualquier otra medida que se tome en el ámbito legislativo serán inconducentes, si no se implementa "la" que -a mí parecer- es básica para que la política realmente tenga realmente la relevancia que merece, la cual no es otra que instaurar la EDUCACIÓN CÍVICA como parte de la malla curricular, y no sólo de los establecimientos de Enseñanza Básica y Media, sino también en los de Enseñanza Superior.

El votar, más allá si ésto constituye un derecho o una obligación, en la práctica hoy no es realmente asumido como la posibilidad de elegir entre distintas opciones, dado estamos en el peor de los escenarios; la ciudadanía tiene poco interés en informarse respecto de tales opciones, y los políticos tienen también poco o ningún  interés en -cuando las tienen- informarle a la ciudadanía sobre las propuestas que respaldan sus candidaturas.

 

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