[Opinión] Turismo sustentable: El nuevo paradigna de desarrollo regional

La actividad turística podría considerarse como el nuevo paradigma de desarrollo sustentable en regiones, que de por si es una actividad más inclusiva que la extractivista y en los últimos años se ha posicionado como una solución real ante la falta de perspectivas del mundo rural.

Imagen de Andrés Gillmore Evers
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08 de Septiembre, 2017 18:09
Imagen: Turismo Chile / Flickr CC Public_Domain_Photography

La imagen de Chile debido a sus características geográficas, territoriales, su calidad escénica y la diversidad de su flora y fauna de norte a sur de cordillera a mar, aliado a su estabilidad institucional y seguridad pública buena en comparación con otros países de la región, se ha ido posicionando como un destino turístico de excepción de nivel mundial y sobre todo en lo que a turismo de intereses especiales se refiere. Esta nueva realidad que es muy bienvenida por cierto, ha traído innumerables beneficios sociales, económicos y comerciales para el mundo rural de las regiones, que han visto la mejora de la calidad de vida y la proyección de sus actividades naturales, proponiendo un cambio estructural en la forma de hacer en la cual se han estado incorporando las comunidades, abriendo un nuevo paradigma de desarrollo regional, que conlleva obligatoriamente a tener un mejor relacionamiento ambiental, social y cultural.

El país siempre ha sustentado su desarrollo bajo el paradigma de las actividades extractivistas de la minería desde el siglo ante pasado y desde 1980 en la salmonicultura y la industria forestal. Bajo ese sustento poderosos intereses empresariales nacionales y extranjeros se han empoderado en el país, abusando de las ventajas comparativas de las regiones, manipulando las decisiones del congreso, gobiernos y políticos en general de una forma tal, que por mucho tiempo esos intereses han pasado por encima de las comunidades rurales y de la misma constitución, introduciendo profundas y negativas repercusiones medioambientales, sociales y culturales, que en la actualidad después de décadas y décadas de mal uso territorial, le están pasando la cuenta al mundo rural.

La actividad turística podría considerarse como el nuevo paradigma de desarrollo sustentable en regiones, que de por si es una actividad más inclusiva que la extractivista y en los últimos años se ha posicionado como una solución real ante la falta de perspectivas del mundo rural, avasallado por un mundo empresarial que codicia su territorialidad, su riqueza natural y quiere intervenirlas sin contemplaciones. Bajo esta realidad avasallante y antinatural, con el tiempo se ha empezado a proponer como un nuevo paradigma de desarrollo sustentado en el mundo de los servicios turísticos. A la vez, se ha estado desarrollando una fuerte presión por parte de los intereses extractivistas-empresariales en contra de las comunidades, que ven como las propuestas intervencionistas no son tomadas como soluciones de vida por las comunidades y lógicamente el mundo extractivista se resiente por sus intereses creados y no ve con buenos ojos el desarrollo del turismo y trata de ejercer su poder decisorio para denostarlo con una visión de desarrollo del pasado en el mundo del futuro. Básicamente, porque la actividad turística inherentemente trae consigo conciencia ambiental, cuidado escénico, social y cultural y las actividades extractivistas nunca ha tenido interés por desarrollar sustentabilidad ambiental y social.

El turismo tiene la capacidad de desarrollarse naturalmente y deja en evidencia los malos manejos ambientales que por décadas ha dejado la actividad extractivista en los territorios intervenidos, haciendo que las comunidades tengan que soportar sin voz las repercusiones negativas en su entorno, salud y calidad de vida. El extractivismo se ha transformado en la piedra de tope para que las regiones obtengan sustentabilidad y proyección de futuro y se ha dado comienzo a una batalla ciudadana para que prosperen los derechos sustentados en la Constitución, que no son otros: que vivir en un medioambiente sano, limpio, armónico, con calidad escénica, en un medioambiente con proyección de futuro.

Muchos proyectos de desarrollo han ido perdiendo el respaldo de las comunidades que en el pasado tuvieron ante la nueva opción de desarrollo (Turismo) haciendo que la mayoría de los grandes proyectos especialmente los energéticos y mineros se estén judicializado y otros simplemente se han desbaratado a pesar de haber tenido el apoyo de los gobiernos, políticos y contar con evaluaciones ambientales con el visto bueno por parte de la autoridad ambiental; de una autoridad ambiental completamente manipulada, que no ha entregado las garantías a las comunidades que las decisiones se han tomado con evaluaciones ambientales serias, certeras y profesionales. En Aysén se han caído tres proyectos de gran inversión desde la década de 1990, Alumysa proyecto que pretendia producir aluminio;HidroAysén y la semana pasada los dueños de la Central Cuervo (Energía Austral) desistieron de seguir adelante con el proyecto. Entendieron que si no contaban con el apoyo de las comunidades, la presión social se hace insostenible con la realización.

El caso del proyecto Minero-Portuario Dominga es otro ejemplo de esta nueva realidad que tiene consternados a los viejos estándartes del mundo extractivista, de cómo las presiones de las comunidades pujan en contra de los proyectos que atentan contra el medio ambiente y finalmente terminan contradiciendolos. La negativa del consejo de Ministros tuvo su punto de inflexión dentro de la misma comunidad, que nunca estuvo de acuerdo con el proyecto y así lo hicieron sentir todas las organizaciones sociales de la Higuerilla en un comunicado público; porque entendieron que en caso de aprobarse Dominga, restaría mucho a la maravillosa proyección turística que tiene la zona y que comercialmente es más rentable para las comunidades optar por el desarrollo turístico que por el portuario-minero que ofrecía Dominga y si se toma en cuenta, que hace unos meses atrás fue aprobado un proyecto portuario similar al de Dominga de la CAP (Compañía de Aceros del Pacífico) hacía que construir el puerto que necesitaba la mina Dominga fuera más de lo mismo.

En el mundo actual de las redes sociales, con información en línea y al alcance de un clic por las organizaciones sociales, ha permitido que las comunidades se interioricen de otros ejemplos sucedidos en otras regiones y en otras partes del mundo, sobre la destrucción de proyectos extractivistas y ante esa realidad develada y antes vedada para las comunidades, no dudan en querer hacerse parte de las bondades del turismo de intereses especiales, de una actividad que ellos mismos pueden desarrollar y donde sus conocimientos se potencializan. Lo que en el pasado justifico los proyectos fue la contratación de mano de obra y que “mejoraba la calidad de vida” pero hoy se sabe que los únicos que mejoran su calidad de vida son los dueños, los profesionales y los políticos y que esa supuesta mejora nunca llega a las comunidades.

En la actualidad la propuesta del turismo como actividad de desarrollo comercial no justifica como en el pasado que las comunidades esten a favor de proyectos extractivistas. Porque saben bien que la demanda por mano de obra decae luego del primer año de iniciadas las faenas y solo serán contratados con el sueldo mínimo y no les permitirá vivir una vida digna y estarán destinados a ser pobres por siempre y saben que las condiciones laborales dejan mucho que desear y que terminaran trabajando para empresas prestadoras de servicios que abusan de la falta de opciones, sustentados por una inadecuada fiscalización laboral y corriendo el peligro real de quedar sin trabajo al poco tiempo de iniciadas las faenas.

Por contraparte la actividad turística proporciona a las comunidades independencia laboral y se hacen parte de un concepto muy valorado en la actualidad y que todos quieren ser -emprendedores-  posibilitándoles ser dueños de su propio destino, aumentar considerablemente  sus remuneraciones, mejorar la calidad de vida, desarrollar proyección de futuro en actividades de servicios que posteriormente pueden ser traspasados a familiares de generación en generación, mejoramiento sustancial en la plusvalía de las propiedades que poseen y obtienen algo que pocas actividades entregan: felicidad, esperanza, sustentabilidad territorial y ambiental y eso indudablemente a la hora de decidir marca una diferencia sustancial, que termina destruyendo el discurso con que las empresas, los políticos y los gobiernos de turno justificaran tales intervenciones.

El desarrollo del turismo ha demostrado que es un instrumento eficaz de desarrollo si se ejecuta de manera correcta y con sentido común y más aun en un país con las ventajas comparativas que tiene Chile y que son reconocidas a nivel mundial. La actividad turística genera oportunidades de movilidad social, es eficiente para combatir la pobreza, mejora la calidad de vida y es un vehículo de promoción cultural nacional y regional como ninguna otra. Los impactos positivos permiten hacer desarrollo sustentable para todos y no solo para algunos como suele suceder con las actividades extractivistas. La idea de sustentabilidad en la actividad turística no tiene la necesidad de producir desequilibrios económicos, sociales y ambientales como sucede con el extractivismo.

La visión de un país sustentable implica la capacidad de proyectar equilibrio y armonía en las actividades en todas sus vertientes, preserva los recursos naturales y considera con respeto los intereses de las comunidades, garantizando el principio de equidad social como referente de desarrollo. El turismo es un fantástico medio para empoderar positivamente a las comunidades para que trabajen por un desarrollo sustentable y consciente y es una opción real para obtener eficiencia económica y transformarse en un elemento de bienestar de desarrollo integral en las comunidades rurales.

En el ámbito económico el desarrollo turístico propone balance en la captación de divisas de los servicios prestados, importante para un país como Chile con mucha desigualdad social.  Muchas regiones han estado entendiendo que esa realidad puede y debe extrapolarse como una opción que aumenta en forma real y no ilusoria el producto interno, mediante el gasto que los visitantes realizan, ofreciendo una redistribución natural del ingreso en los diferentes territorios en las mismas regiones,impulsando zonas de menor desarrollo, que a través del traslado de los recursos económicos, redistribuye efectivamente el ingreso, generando empleos productivos y mejor remunerados.

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