Privados de libertad en pandemia: La crisis real, es emocional... He ahí nuestra oportunidad

Privados de libertad en pandemia: La crisis real, es emocional... He ahí nuestra oportunidad

24 Junio 2020

De pronto el espacio se convirtió en algo tan pequeño, como un león sin su selva, cuyos pensamientos lo atormentan, girando sin parar. La crisis real, es emocional. He ahí nuestra oportunidad. Pasó también en India hace unos 2.500 años

Álvaro Román >
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A pesar que sea el sistema de salud el que esté a cargo del manejo de la contingencia actual, la verdadera crisis es emocional. Sin menospreciar lo impactante y duro que ha sido para todos lidiar con una epidemia, la verdad es que ha traído muchas cosas buenas para la humanidad, partiendo por nuestra mejora en calidad como seres humanos. Nos hemos convertido en mejores personas, solo que con el aislamiento social, casi no vemos personas con las que ser buenas personas y eso, nos tiene mal.

La crisis es verdaderamente emocional. Nunca nos habíamos visto privados de nuestra libertad y comodidades durante un período de abundancia y paz. Vivimos en un país con muchísimas y ventajosas abundancias, pero nos encontramos privados de disfrutarlas. Nos habíamos acostumbrado a conseguir fácilmente placeres que para nuestros abuelos eran una imposibles. Para ellos la vida era solo trabajar y construir todo lo que hoy tenemos.

Hasta hace solo unos meses, nuestras posibilidades eran muy diferentes. Podíamos escalar la cumbre del Villarrica para ver su cráter en erupción, bajar el Trancura en una balsa y terminar el día en las termas. Era otra cosa... antes podíamos escapar de nosotros mismos. Tampoco teníamos que ir tan lejos, siempre hemos tenido el Cerro Ñielol y todos sabemos lo bien que se siente volver a la ciudad después de caminar con la mente libre y liviana, acompañados con las canciones de los pájaros. Pero incluso el cerro está cerrado.

Además, por nuestra culpa, Temuco se ha convertido en una ciudad de malls, pudiendo perfectamente ser una ciudad de lagunas, parques y bosques. Pero bueno, no importa que esté lleno de malls… pero incluso los malls están funcionando a medias y mal. Salir es un riesgo, las filas son interminables, todo es sospecha y tensión. Teníamos riqueza de sobra para buscar la plenitud como se nos diera la gana y compartirla con los demás. Pero ahora hay que lidiar con la soledad, el aislamiento y la distancia social.

Tenía que llegar un virus extranjero a privarnos de aquel escape y aquella libertad. Ya no hay nada afuera que nos entregue distracciones, diversiones y alegrías. Es bastante triste y bien difícil de llevar, porque no estamos preparados y no sabemos qué hacer con nosotros mismos... De pronto el espacio se convirtió en algo tan pequeño, como un león sin su selva, cuyos pensamientos lo atormentan, girando sin parar. La crisis real, es emocional. He ahí nuestra oportunidad. Pasó también en India hace unos 2.500 años, cuando era un país multimillonario y toda la riqueza con la que contaba no aportaba felicidad. Todos los placeres estaban al alcance de la mano, y no pudieron eliminar la sensación de tristeza y vacío. Teniendo todo cubierto y mucho más, no podían sentirse felices de verdad. Finalmente, no les quedó más remedio que asumir el sufrimiento como un problema mental y terminaron sentándose en el suelo a escuchar atentamente los pensamientos, con la intención de descubrir qué es lo que ocurre realmente en la cabeza que no les permite la felicidad y la paz. Ellos dejaron de buscar afuera para comenzar a buscar adentro y en el interior, encontraron todo lo que buscaban.

Es el momento de seguir el ejemplo… ¿Cómo? Puedes comenzar con 5 minutos al día, son suficientes para empezar. Además, todos tenemos 5 minutos. El ejercicio consiste en lo siguiente: deja todo en silencio, siéntate muy cómodo en un sillón, pon alarma, modo avión, y no te duermas. La idea está en aguantar los 5 minutos sin mover las manos ni abrir los ojos, respirando tranquilo, es tu momento de paz. Te vas a dar cuenta que la cabeza está loca, porque a los 15 segundos te va a empezar a picar la nariz. Al minuto te van a dar ganas de ver el teléfono, rascarte, acomodarte, moverte, mirar, ir al baño. Hacer algo, cualquier cosa que te saque de ahí. Puras excusas. Lo que sea, menos estar ahí sentado. Lo importante es observarte como si no fueras tú y te estuvieras estudiando. No ocupes el tiempo para pensar, sería perderlo. Solo observa. A la mente no le gusta que la miren, tratará de inventar excusas para sacarte de ahí, no le hagas caso. Lo intentará todo y con el tiempo incluso inventará el dolor. Si aguantas los 5 minutos, felicidades: tienes una habilidad que no todos tienen y que vale la pena desarrollar. Cuando los cinco minutos te resulten cómodos y fáciles, todos los días siéntate 10 y así vas sumando según tu propio tiempo.

Otro día hablaremos de cómo mantenerse en el presente. Con la práctica, te irás dando cuenta que es tu mente la que está encerrada. Que es ella la que patalea alegando necesidades, ropa nueva, juguetes y diversión. Estarás en condiciones de elegir salir a vitrinear con ella a buscar los placeres que exige constantemente, pero sólo si realmente quieres, porque serás dueño de ti mismo y ya no serás un esclavo que tiene que obedecer. Además es muy conveniente, porque en el caso hipotético que algún día debamos quedarnos en casa por estar viviendo el curso de una enfermedad infecciosa global -ponte tú-, siempre podrás silenciar tu mente cuando interfiera con tu bienestar. Por ejemplo, si descubres que lo que realmente necesitas es sentirte tranquilo, en calma y dormir en paz, no como el león al que le quitaron su selva, cuyos pensamientos lo atormentan y en la pequeñez de su espacio gira y gira sin parar. Entonces ya lo sabes: todos los días, comienza con 5 minutos de tu tiempo. No abras los ojos, no muevas las manos. Y escucha el bombardeo incesante de tu mente que intenta recuperar el control sobre ti. Pero al igual que en la canción tu estarás en libertad, como los pajarillos, en libertad. Cruzar por el espacio, en libertad.