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El Gran Cometa McNaught

Casi se me escapa el evento celeste más relevante del último tiempo, y todo por los nubarrones del fin de semana, los que afortunadamente se retiraron y me permitieron ver el paso del Cometa McNaught por nuestra bóveda celeste, el que ha sido calificado como la gran sorpresa astronómica de los últimos años. Un “vagabundo” que en su viaje hacia el sol ha adquirido un inusual brillo, que ha permitido observarlo a simple vista en el cielo nocturno de gran parte del país.
Recuerdo cuando el Halley ocupó todas las portadas de prensa el año 1986. Emocionado, salí cada noche para tratar de visualizar al viajero celeste, sin éxito alguno. Frustrado, volví a la carga el año 1995, cuando el Hale Boop se asomó tímidamente por la costa. Estudiaba en la Universidad de La Serena, y tuve la oportunidad de observarlo desde la famosa colina, donde está ubicada la facultad de humanidades. Pero su escaso tamaño y su baja presencia en el horizonte lo hacían lo hacían ver “pobre”.
Pero la noche del martes, por fin, tuve la oportunidad de ver un cometa en toda su dimensión. Igual como uno lo dibujada en pre-kinder. Con un núcleo brillante y una larga cola. Un espectáculo que se ve, con suerte, una vez en la vida. Puede que el McNaught no sea tan mediático como el Halley (al que mi hermana menor calificó en su momento como un “moco” pegado en el cielo), pero claramente es mucho más espectacular.
Lástima que la indiferencia de la gente le impida disfrutar de este fenómeno natural. La mayoría de los rancagüinos no se ha molestado, siquiera, en levantar la cabeza para ver si ve “algo”. Simplemente deja pasar un regalo del universo que, quizás, se repita en un siglo más. Eso si el calentamiento global no termina de derretir los polos e inundar la mayor parte de las costas de nuestro planeta.
El mayor brillo del cometa se registró entre el 20 y el 24 de enero, oportunidad en que era visible una extensa nube de gas con un núcleo brillante y definido, cerca de las 22 horas. Yo lo pude observar desde la comuna de Coltauco, en aquellos sitios con menos iluminación artificial. El brillo de la luna y su alejamiento del sol harán que su luminosidad decaiga paulatinamente con el correr de los días. Ya para febrero sólo podrá ser visto con un telescopio.
Si aún quiere verlo, puede que esta semana sea su última oportunidad. Sólo debe ir bien armado con unos prismáticos y escoger un lugar donde la cordillera de la costa y la luz de la ciudad no sean obstáculos. Lo ideal es la costa, pero la lomita de San Ramón (doblando por la calle que lleva al Cugat hacia el interior) es un buen lugar. Lo mismo algunos sectores de la carretera de la fruta. Se debe mirar al sur, en dirección a la costa. Ojo, que el mirador de la carretera del cobre no sirve.
La foto que se incluye en este artículo (tomada desde la costa) es una visión muy cercana a la que tuve la noche del martes. Lástima que no tenga el equipo adecuado para haber registrado el evento.

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