La Globalización y los Movimientos Sociales

Permanentemente los trabajadores deben luchar por justicia y equidad en trato e ingresos.
Imagen de Veronica Grunewald
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08 de Mayo, 2007 12:05
“Sudamérica es un continente de esperanza, una esperanza que no se refiere solo a la Iglesia, sino también a toda América y al mundo entero”.
Benedicto XVI, declaraciones previas a su visita a Brasil.
La esperanza de Sudamérica es la esperanza eterna de los pobres, de sus hijos, de sus caseríos sin agua apta para el consumo humano. La esperanza de los cesantes que, lejos de hallar un lugar donde ganarse el bíblico pan “con el sudor de su frente” ven como cada día y cada año, sus vecinos y amigos también pierden sus fuentes laborales incrementando las cifras de personas sin trabajo, que en todo el mundo suman ya 1.400 millones.
La esperanza de los trabajadores que logran mantener sus fuentes laborales, pero con sueldos distantes de dignidad, de humanidad es lograr lo que para ellos es vital. Un trabajador no cubre sus necesidades básicas con $45.000 pesos mensuales (US$86). Hijos, esposa, enfermedades, alimentos, servicios básicos, etc. Y el importe que reciben a cambio de sus horas de dedicación, en faenas muchas veces de alto riesgo los transforma en siervos de anacrónicos feudos, donde las murallas son las leyes que los desprotegen, incluso bajo gobiernos socialistas que ganaron los votos de los trabajadores que hoy están obligados a exponer sus necesidades en las calles, enfrentando las instituciones armadas que actúan bajo mandato gubernamental, en desigualdad de competencias. Todo por lograr que la empresa que lucra con sus servicios les pague los sueldos mínimos recomendados por ley ($135.000 pesos o US$260), valor con el cual, ciertamente, solo se sobrevive.
Con el trabajador forestal fallecido en la región del Bío Bío, lejos de morir también la esperanza, ésta se prepara y brilla por la fuerza contenida de quienes lo han perdido todo y ya no tienen nada más que perder.
Como una fábula inconsciente muestran sus resultados financieros en este primer trimestre mineras y forestales, las ligadas a la producción de energías. Unas cuantas empresas, los mismos dueños. Junto a ellas, el país entero hace gala de un Imacec que habla de crecimiento económico, de “sólida economía”. Por otra parte, estas empresas “líderes” con importantes utilidades reparten entre sus directores un promedio de $290 millones de pesos anuales (US$560.000). Algunos de estos altos ejecutivos integran múltiples directorios.
Los tiempos de globalización hacen aún más profundo el abismo entre pobres y ricos. Pierden los trabajadores, ganan las grandes empresas y en países donde hay obligaciones salariales legisladas, las grandes empresas optan por cerrar e instalarse donde no les obliguen a ser justos, donde el abuso al trabajador sea permitido, donde no haya claras políticas migratorias y les sea permitido pagar menos por más horas de trabajo a los extranjeros, quienes, como Cortés, han quemado todas sus naves y no poseen más opciones que prestar sus servicios a cambio de lo que quiera pagar el empleador.
Esta semana se celebra en Alemania la Conferencia de Ministros del Trabajo del G-8 y el lema es “Uniendo fuerzas por una Europa Social, por un mundo socialatendiendo los devastadores índices que hacen imposible el binomio trabajador-empresa.
Quienes viven o sobreviven en base a un sueldo mínimo, dejan de integrar las cifras de cesantes, pero existe unanimidad en que un trabajo no significa la esperanza de romper el círculo de la pobreza, en muchos casos incluso, significa morir consiente de dejar hijos que serán pobres también. Y es que en algún lugar del mundo hay una fiesta a la que están invitados unos pocos, los que tiran por la ventana de sus mansiones y costosos autos y aviones, las migajas de sus migajas; cuyos hijos nunca conocerán la miseria, el hambre o la discriminación por haber estudiado en escuela pública. Es la fiesta de aquellos cuyas pesadillas son la pérdida de sus acciones y no la falta de pan para sus hijos. Deben sacarse la venda de los ojos y otorgar verdadero pan en lugar de las migajas que dan.
Chile, Brasil, Alemania y otros países. El mundo entero lucha por no perder la esperanza de la humanización frente a la globalización. Y que no sea necesario legislar en cada país para que las empresas actúen con equidad y responsabilidad social, que el ruido de las monedas no impida a los grandes empresarios oír el clamor social de los trabajadores, que como hace un siglo, pasará de murmullos a gritos, y entonces, la sangre derramada dirá que es demasiado tarde.

FOTO: charlancastor
Martes 08 de Mayo de 2007
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