A un año de la Canonización de San Alberto Hurtado
A un año de la canonización de San Alberto Hurtado, el Obispo de Rancagua, Monseñor Alejandro Goic conversó con el Rancahuaso
El Rancahuaso conversó con el Obispo de Rancagua monseñor Alejandro Goic Karmelic, quien evalúa este primer año desde la canonización de San Alberto.
- Monseñor, ¿cuál sería su evaluación en este primer año desde la canonización del Padre Hurtado, primero, en el ámbito espiritual?
La canonización del sacerdote Alberto Hurtado ha sido para nuestro país, y en particular para la Iglesia, una gracia muy grande. El hecho de que la instancia máxima de la Iglesia, el Papa con sus organismos, haya declarado santo a un chileno excepcional, como lo fue San Alberto Hurtado, es un don maravilloso y creo que de alguna manera la vida de él, su profunda unión con Dios ha inspirado, está inspirando y continuará inspirando la vida de muchos creyentes y de muchas personas que, sin tener el don de la fe, ven en él una forma maravillosa de vivir. Quiera Dios que su ejemplo y su testimonio nos anime a todos a vivir lo más profundamente el mensaje de Cristo y del Evangelio.
- Y en el ámbito de la acción social, ¿qué evaluación haría usted?
Sin duda que toda la proyección del “pastoreo” que tuvo Alberto Hurtado en la preocupación por los pobres, por los que sufren, por los más marginados, continúa siendo una inspiración. No es sólo el Hogar de Cristo, esta obra es la más conocida, pero San Alberto Hurtado, en relación a la sociedad, nos invita a trabajar por generar un mundo más justo. El decía que la caridad llega donde la justicia no ha alcanzado a realizar su obra, en el sentido de que primero está la justicia, la búsqueda de un mundo más equitativo, más dignificador de todas las personas, especialmente, de los más pobres. Por eso, en este campo social volver a leer su libro “Humanismo Social”, nos dará una fuerza maravillosa para enfrentar los nuevos desafíos sociales que la realidad presenta: una mejor distribución de los bienes, un acceso más digno para todos de la vivienda, la salud, la educación.
- Y finalmente, monseñor, ¿cuál es su evaluación en el terreno de la dignidad humana?
Cuando uno lee los textos de San Alberto Hurtado se da cuenta que él es un profeta de Jesucristo y del Evangelio y que por esa fidelidad profética anuncia que todo ser humano cualquiera sea su condición o su origen, especialmente el de los más pobres y el de los más débiles, merece en toda circunstancia ser dignificado.
Recientemente se realizó un gran seminario por los 50 años de Cáritas Chile, entidad perteneciente a la Conferencia Episcopal, justamente sobre el tema de la dignidad humana. Allí, varios de los expositores nos recordaban el ejemplo maravilloso de este hombre cuya vida fue un grito para dignificar a cada ser humano. En ese sentido, el desafío en la hora presente en este siglo XXI en Chile, es que cada uno desde su propia responsabilidad sea capaz de trabajar y de servir para que todo ser humano sea respetado en su más honda dignidad, que es ser imagen y semejanza de Dios.
En definitiva, la memoria de San Alberto Hurtado nos sigue comprometiendo y nos sigue exigiendo vivir, en el hoy y en el aquí de nuestra historia, los valores del seguimiento de Jesucristo y del Evangelio.
- Monseñor, ¿cuál sería su evaluación en este primer año desde la canonización del Padre Hurtado, primero, en el ámbito espiritual?
La canonización del sacerdote Alberto Hurtado ha sido para nuestro país, y en particular para la Iglesia, una gracia muy grande. El hecho de que la instancia máxima de la Iglesia, el Papa con sus organismos, haya declarado santo a un chileno excepcional, como lo fue San Alberto Hurtado, es un don maravilloso y creo que de alguna manera la vida de él, su profunda unión con Dios ha inspirado, está inspirando y continuará inspirando la vida de muchos creyentes y de muchas personas que, sin tener el don de la fe, ven en él una forma maravillosa de vivir. Quiera Dios que su ejemplo y su testimonio nos anime a todos a vivir lo más profundamente el mensaje de Cristo y del Evangelio.
- Y en el ámbito de la acción social, ¿qué evaluación haría usted?
Sin duda que toda la proyección del “pastoreo” que tuvo Alberto Hurtado en la preocupación por los pobres, por los que sufren, por los más marginados, continúa siendo una inspiración. No es sólo el Hogar de Cristo, esta obra es la más conocida, pero San Alberto Hurtado, en relación a la sociedad, nos invita a trabajar por generar un mundo más justo. El decía que la caridad llega donde la justicia no ha alcanzado a realizar su obra, en el sentido de que primero está la justicia, la búsqueda de un mundo más equitativo, más dignificador de todas las personas, especialmente, de los más pobres. Por eso, en este campo social volver a leer su libro “Humanismo Social”, nos dará una fuerza maravillosa para enfrentar los nuevos desafíos sociales que la realidad presenta: una mejor distribución de los bienes, un acceso más digno para todos de la vivienda, la salud, la educación.
- Y finalmente, monseñor, ¿cuál es su evaluación en el terreno de la dignidad humana?
Cuando uno lee los textos de San Alberto Hurtado se da cuenta que él es un profeta de Jesucristo y del Evangelio y que por esa fidelidad profética anuncia que todo ser humano cualquiera sea su condición o su origen, especialmente el de los más pobres y el de los más débiles, merece en toda circunstancia ser dignificado.
Recientemente se realizó un gran seminario por los 50 años de Cáritas Chile, entidad perteneciente a la Conferencia Episcopal, justamente sobre el tema de la dignidad humana. Allí, varios de los expositores nos recordaban el ejemplo maravilloso de este hombre cuya vida fue un grito para dignificar a cada ser humano. En ese sentido, el desafío en la hora presente en este siglo XXI en Chile, es que cada uno desde su propia responsabilidad sea capaz de trabajar y de servir para que todo ser humano sea respetado en su más honda dignidad, que es ser imagen y semejanza de Dios.
En definitiva, la memoria de San Alberto Hurtado nos sigue comprometiendo y nos sigue exigiendo vivir, en el hoy y en el aquí de nuestra historia, los valores del seguimiento de Jesucristo y del Evangelio.
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no nada solo q padre hurtado
no nada solo q padre hurtado es el mejor i ay q seguir sus pasos