Indultos Bicentenarios: La Infatigable Contienda de los Empates
Curiosa, por no decir mediocre, es la costumbre que muchos políticos han adoptado y que consiste en simplemente buscar “empatar” hechos, delitos, errores o situaciones, para “justificar” lo que es “injustificable”. Por Sergio Aravena
En relación con lo anterior, cabe mencionar la presente moda de debatir acerca de los famosos “Indultos Bicentenarios”, que propusieron la Iglesia Católica y luego la Evangélica, siendo motivo de polémicas y descréditos, entre los que creen que deben ser perdonados algunos y no otros, los que piensan en delitos subjetivamente más graves, etc. Otro ejemplo de pobreza de argumentos, hecho que busca provocar nuevos “empates” y paralizar cualquier cosa.
En lo personal, considero que hay valores y temas intransables, estoy convencido que asesinos, violadores, pedófilos, narcotraficantes y quienes atentaron contra los derechos humanos, son igualmente repulsivos y no merecen un indulto.
Algunos están dispuestos a perdonar a civiles y no a militares, quizás haya otros que quisieran el privilegio únicamente para los uniformados, pero eso solo refleja que aún hay exponentes de una sociedad dividida, sectaria, inmadura y que no cierra las heridas, gente que no logra pensar con objetividad.
Alguien dijo alguna vez: “Ley pareja no es dura” y aunque parezca muy simple la frase, en un Estado de Derecho, en un país donde su Constitución garantiza “Igualdad ante la Ley”, eso debiera ser una máxima permanente e incuestionable.
El Presidente tiene la facultad de indultar, a mi juicio la facultad de que su poder (Ejecutivo) intervenga en otro poder (Judicial), cuya independencia se vuelve entonces solo teórica, aunque tantas veces la defendemos y recordamos con sumo orgullo.
Entendiendo el espíritu unificador y reconciliador de Sebastián Piñera, además de su buena inspiración como mandatario, reconozco inteligente la determinación de no acoger “recetas” y ver caso a caso, pero idealmente no debiera ninguno.
Espero fervientemente que, calmada la discusión fanática, aquietados los aprovechamientos políticos, las cuentas electorales y escondidas las contradicciones de los que hoy debaten, el Presidente o algún legislador presente en el Congreso un proyecto que acabe con la facultad del Ejecutivo de poder indultar.
Toda opinión es legítima y respetable, mientras no pretenda justificar nuestros actos negativos en los actos negativos de otros. Nada más pobre que defender un delito porque otro lo hizo antes, la corrupción de un gobierno porque el anterior también la tuvo, una muerte con otra.
Cada vez que un político denuncia, el denunciado le “refresca la memoria” de sus propios errores u horrores, se le desacredita e inhabilita, ¿entonces quien tiene derecho a hablar sin ser cuestionado?.
No faltará el lector de esta columna que me reprochará que me refiera a indultos y derechos humanos, diciendo que “mi sector” avaló o apoyó a la Dictadura. Eso supuestamente a mi, aunque en esa época tuviera escasa edad, me deja casi como un inmoral. ¡Vaya criterio!, ¿o descriterio?. Ya ha ocurrido antes, he visto cientos de ejemplos donde se pretende acallar a alguien mediante la generalización, la descalificación o la búsqueda del mencionado “empate”.
Las contradicciones abundan: Se repudia una dictadura militar en Chile, pero los mismos adoran la Dictadura de Castro en Cuba; si hablas de corrupción concertacionista, te recuerdan los “Pinocheques”; si reprochas las violaciones a los DD.HH. algunos las justifican con el caos de la Unidad Popular, y así sucesivamente.
¿Quién se hace cargo de sus actos sin defenderse en los actos de otros?, ¿quién responde ante el país, las leyes o la prensa sin buscar un “empate”, una justificación en quienes “erraron” antes?
Seguramente los juicios más certeros y cercanos a la objetividad podrán darlos en el futuro los historiadores, pero mientras tanto, la pobreza de argumentos, la negligencia, el descaro solo nos están mostrando a muchos políticos justificándose en los actos de sus propios adversarios,
Espero que eso cambie, espero que surjan nuevas ideas, iniciativas y propuestas, espero comenzar a ver más nítidamente positivas excepciones, ver políticos de verdad.
En lo personal, considero que hay valores y temas intransables, estoy convencido que asesinos, violadores, pedófilos, narcotraficantes y quienes atentaron contra los derechos humanos, son igualmente repulsivos y no merecen un indulto.
Algunos están dispuestos a perdonar a civiles y no a militares, quizás haya otros que quisieran el privilegio únicamente para los uniformados, pero eso solo refleja que aún hay exponentes de una sociedad dividida, sectaria, inmadura y que no cierra las heridas, gente que no logra pensar con objetividad.
Alguien dijo alguna vez: “Ley pareja no es dura” y aunque parezca muy simple la frase, en un Estado de Derecho, en un país donde su Constitución garantiza “Igualdad ante la Ley”, eso debiera ser una máxima permanente e incuestionable.
El Presidente tiene la facultad de indultar, a mi juicio la facultad de que su poder (Ejecutivo) intervenga en otro poder (Judicial), cuya independencia se vuelve entonces solo teórica, aunque tantas veces la defendemos y recordamos con sumo orgullo.
Entendiendo el espíritu unificador y reconciliador de Sebastián Piñera, además de su buena inspiración como mandatario, reconozco inteligente la determinación de no acoger “recetas” y ver caso a caso, pero idealmente no debiera ninguno.
Espero fervientemente que, calmada la discusión fanática, aquietados los aprovechamientos políticos, las cuentas electorales y escondidas las contradicciones de los que hoy debaten, el Presidente o algún legislador presente en el Congreso un proyecto que acabe con la facultad del Ejecutivo de poder indultar.
Toda opinión es legítima y respetable, mientras no pretenda justificar nuestros actos negativos en los actos negativos de otros. Nada más pobre que defender un delito porque otro lo hizo antes, la corrupción de un gobierno porque el anterior también la tuvo, una muerte con otra.
Cada vez que un político denuncia, el denunciado le “refresca la memoria” de sus propios errores u horrores, se le desacredita e inhabilita, ¿entonces quien tiene derecho a hablar sin ser cuestionado?.
No faltará el lector de esta columna que me reprochará que me refiera a indultos y derechos humanos, diciendo que “mi sector” avaló o apoyó a la Dictadura. Eso supuestamente a mi, aunque en esa época tuviera escasa edad, me deja casi como un inmoral. ¡Vaya criterio!, ¿o descriterio?. Ya ha ocurrido antes, he visto cientos de ejemplos donde se pretende acallar a alguien mediante la generalización, la descalificación o la búsqueda del mencionado “empate”.
Las contradicciones abundan: Se repudia una dictadura militar en Chile, pero los mismos adoran la Dictadura de Castro en Cuba; si hablas de corrupción concertacionista, te recuerdan los “Pinocheques”; si reprochas las violaciones a los DD.HH. algunos las justifican con el caos de la Unidad Popular, y así sucesivamente.
¿Quién se hace cargo de sus actos sin defenderse en los actos de otros?, ¿quién responde ante el país, las leyes o la prensa sin buscar un “empate”, una justificación en quienes “erraron” antes?
Seguramente los juicios más certeros y cercanos a la objetividad podrán darlos en el futuro los historiadores, pero mientras tanto, la pobreza de argumentos, la negligencia, el descaro solo nos están mostrando a muchos políticos justificándose en los actos de sus propios adversarios,
Espero que eso cambie, espero que surjan nuevas ideas, iniciativas y propuestas, espero comenzar a ver más nítidamente positivas excepciones, ver políticos de verdad.
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FELICITACIONES SERGIO, COMO
FELICITACIONES SERGIO, COMO SIEMPRE, SERIO, ARGUMENTADO, COHERENTE.
BUENA COLUMNA DE OPINION
no se debiera indultar a
no se debiera indultar a nadie, ya que son los propios jueces los que lo están haciendo, dejando criminales libres por no ser "un peligro para la sociedad", al contrario se debiera hacer una revisión a las leyes y endurecer penas, para que por fin podamos vivir en paz.
con respecto a la de la dictadura y todo lo anterior no me corresponde opinar ya que no viví la época, pero si debo decir que mucha gente habla de unidad y reconciliación, pero de la boca hacia afuera ya que por dentro el odio y el rencor a lo pasado todavía los atormenta, y a lo mejor sin quererlo acarrean a gente joven a tomar parte de lo que no vieron o vivieron.
Hipocresîa pura- Comaparar
Hipocresîa pura-
Comaparar el "caos " DE(y la derecha no contribuyô a ello?) la Unidad Popular con torturas y asesinatos es absurdo, indigno e impresentable.
Sigan mintiendo que algo queda y terminarân por erigirles monumentos a Romo, Contreras y Pinochet.
Quizâs don Sergio Aravena debido a su corta edad no se enterô ni jamâs oyô mencionar cementerios clandestinos, chilenos degollados, cârceles secretas, campos de concentraciôn y amederentamiento sistemâtico de la poblaciôn.
Los criminales y sus cômplices son obstinados y jamâs pedirân perdôn al paîs, siguen convencidos de su heroîsmo y coraje.
Es el Chile de la gran mentira.
Maravilloso, todos juntos y "reconciliados". Traidores (Schauson y Flores, a modo de ejemplo, abrazados a Agustîn Edwards reconocido impulsor de la dictadura en nuestra patria.
Verguenza.