200 Años de Independencia: ¡No hay mucho que celebrar!
Más allá celebraciones, que no son más que conmemoraciones de fechas "significativas", me quedo en la reflexión de qué es lo que podríamos celebrar. Por Daniel Miranda
Podríamos celebrar que tenemos una democracia participativa, donde tengamos un poder de decidir grandes temas como sociedad y no dejar esas decisiones en manos de obsecuentes parlamentarios escogidos (mas no tan elegidos) por gremios económicos e ideológicos. Poder elegir a autoridades regionales, para que el presidente(a) no tenga taaanta gente de su "exclusiva" confianza.
También podríamos celebrar que tenemos una educación pública de gran calidad, donde no haya seudo samaritanos sostenedores que se hagan de un negociado recibiendo subvenciones del estado.
Celebraríamos que tenemos instituciones con los más capaces a la cabeza y no quienes han sido "colocados" por el amiguismo ni por ser el militante de turno para la cuota. El desfile de "los mismos de siempre" tiene mal a Chile y debe acabar.
Seria fabuloso celebrar que cobramos una buena tajada a las empresas que extraen nuestros recursos naturales, que esta bien que ganen, pero paguen por ello y que además se haga de manera racional y sustentable.
Celebraría que tuviésemos una política energética que proteja nuestro medio ambiente, que sea eficiente y al servicio de la gente, no al servicio de las utilidades de los consorcios extranjeros al que fueron transferidas.
Seguimos siendo súbditos de España, les entregamos la energía eléctrica, el agua, las comunicaciones, editoriales y más. Celebraría que recuperásemos eso para Chile y los chilenos, exclusivamente.
Celebremos que tenemos un ferrocarril que recorra al país llevando los productos de forma eficiente de un extremo al otro, donde nos podamos movilizar seguros, cómodos, rápidos y económicamente, quitando espacio así a tanto negociado hecho en autopistas, empresas de transporte y petroleras.
Celebremos que volvió la educación cívica a las aulas, donde se enseñe a administrar bienes a los niños, donde se les explique como funciona este condenado mundo y no solo a ser un engranaje abundante y desechable, no solo a ser mano de obra, sino a razonar a la sociedad, a Chile y al mundo con ojos críticos, para hacerlo cada vez mejor.
Celebremos el hecho de que cada habitante de este país tiene el derecho a buscar su felicidad, aun cuando para ello deba revelarse ante sus gobernantes, y hacer de Chile lo que los chilenos todos quieran y crean que es mejor, no sólo unos cuantos administrativos y regentes de consorcios a los cuales, desde hace ya 36 años se les ha regalado lo mejor de Chile y han hecho de este país algo casi invivible para sus habitantes.
También podríamos celebrar que tenemos una educación pública de gran calidad, donde no haya seudo samaritanos sostenedores que se hagan de un negociado recibiendo subvenciones del estado.
Celebraríamos que tenemos instituciones con los más capaces a la cabeza y no quienes han sido "colocados" por el amiguismo ni por ser el militante de turno para la cuota. El desfile de "los mismos de siempre" tiene mal a Chile y debe acabar.
Seria fabuloso celebrar que cobramos una buena tajada a las empresas que extraen nuestros recursos naturales, que esta bien que ganen, pero paguen por ello y que además se haga de manera racional y sustentable.
Celebraría que tuviésemos una política energética que proteja nuestro medio ambiente, que sea eficiente y al servicio de la gente, no al servicio de las utilidades de los consorcios extranjeros al que fueron transferidas.
Seguimos siendo súbditos de España, les entregamos la energía eléctrica, el agua, las comunicaciones, editoriales y más. Celebraría que recuperásemos eso para Chile y los chilenos, exclusivamente.
Celebremos que tenemos un ferrocarril que recorra al país llevando los productos de forma eficiente de un extremo al otro, donde nos podamos movilizar seguros, cómodos, rápidos y económicamente, quitando espacio así a tanto negociado hecho en autopistas, empresas de transporte y petroleras.
Celebremos que volvió la educación cívica a las aulas, donde se enseñe a administrar bienes a los niños, donde se les explique como funciona este condenado mundo y no solo a ser un engranaje abundante y desechable, no solo a ser mano de obra, sino a razonar a la sociedad, a Chile y al mundo con ojos críticos, para hacerlo cada vez mejor.
Celebremos el hecho de que cada habitante de este país tiene el derecho a buscar su felicidad, aun cuando para ello deba revelarse ante sus gobernantes, y hacer de Chile lo que los chilenos todos quieran y crean que es mejor, no sólo unos cuantos administrativos y regentes de consorcios a los cuales, desde hace ya 36 años se les ha regalado lo mejor de Chile y han hecho de este país algo casi invivible para sus habitantes.
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Cecilia Valdebenito
Cecilia Valdebenito Plaza
eso reflexiòn porque en vez de celebrar no se hacen mejores construciones,asi no habrian tantas persona durmiendo en la calle.cuanto dolor,frio hambre tienen que pasar aquello que tienen menos recursos.hay que reflexionar .ser un país con mas oportunidades para todos .