Moneda única sudamericana: Un sueño devaluado
Es así que la continuidad del histórico proyecto "euro" -ya no sólo depende de la fortaleza económica e institucional de Alemania, Francia y Holanda, sino del comportamiento- en materia fiscal- de los menos desarrollados.
Si dependiera de la voluntad de Chávez, Morales o incluso Lula, el cóndor, el sucre o el peso americano entraría a competir con el euro y el dólar en un futuro muy cercano. Ése fue el anhelo - expresado por un conjunto de naciones sudamericanas - al momento de instituir oficialmente el Banco del Sur a fines del año pasado. Con este paso, el viejo sueño integracionista latinoamericano emularía al proceso europeo que rubricó un histórico y progresivo proceso de integración con una unión monetaria.
Pero la aparente culminación de la peor fase de la crisis financiera desatada el año 2008, está sumiendo a la unión monetaria de las democracias más avanzadas del planeta en una crisis de fortaleza e identidad preocupante. El probable efecto dominó -desencadenado con la revelación del precario estado de la economía griega- está desvelando la existencia de dos Europas: la Unión Europea del sur y la del norte.
El bloque de países del sur -representado por España, Grecia y Portugal- delataría la ilusión de someterse a un marco institucional que establece un proceso riguroso de convergencia económica, política y social.
A menos de dos años de iniciada la crisis financiera internacional, el alto grado de disciplina fiscal - que demanda la mantención de una política monetaria común - deja de manifiesto que los efectos asimétricos de los fuertes vaivenes de la economía internacional pueden arrastrar la credibilidad de la totalidad de sus participantes. Estados débiles y fuertes, políticos virtuosos y populistas, sociedades más proclives y menos proclives a la corrupción terminan representando un todo inseparable.
Es así que la continuidad del histórico proyecto "euro" -ya no sólo depende de la fortaleza económica e institucional de Alemania, Francia y Holanda, sino del comportamiento- en materia fiscal- de los menos desarrollados (y en este contexto, además, los menos disciplinados). En el caso de la UE, tan o más preocupante que la situación de la economía griega, es la información errónea (e intencionada), que entregaron las autoridades económicas de Grecia para ocultar el estado real de las finanzas del país.
Las grandes interrogantes que empañan la viabilidad de una moneda única -como el euro- es un indicio de los obstáculos prácticamente insalvables que enfrenta un proyecto similar -en un continente latinoamericano- aún atascado en una historia de inestabilidad económica, política y social.
En América Latina, la ineludible disciplina fiscal que demanda el orden económico mundial continúa siendo la excepción y no la regla. Frente a las obligaciones que impone una unión monetaria, es muy difícil imaginar a varios líderes de la región renunciando a la tentación de querer devaluar la nueva moneda para mejorar la competitividad de sus productos en el mercado internacional.
Asimismo, es remoto imaginar - a estos mismos gobiernos - cumpliendo metas inflacionarias y de gasto fiscal para salvaguardar la credibilidad e interés colectivo, atados a una unión monetaria que debe sobreponerse al escepticismo de la comunidad internacional.
Más aún, imposible imaginar - a los mismos líderes de la región - renunciando a la retórica populista y hostil en contra de sus vecinos o potencias mundiales en periodos pre-electorales. Una política exterior convergente, basada en la distensión y prudencia diplomática vis a vis resto del mundo es primordial para la consecución de un proyecto de tal trascendencia.
No es mucho pedir. En realidad, estas condiciones son mínimas si se desea poner en marcha un proceso de integración más "a la europea". Y si los europeos (después de 50 años de iniciar un proceso de integración muy intenso y exitoso), hoy están enfrentando grandes dilemas para la continuidad de su proyecto estrella, resulta muy poco creíble suponer que los latinoamericanos podamos hacerlo mejor.
Pero la aparente culminación de la peor fase de la crisis financiera desatada el año 2008, está sumiendo a la unión monetaria de las democracias más avanzadas del planeta en una crisis de fortaleza e identidad preocupante. El probable efecto dominó -desencadenado con la revelación del precario estado de la economía griega- está desvelando la existencia de dos Europas: la Unión Europea del sur y la del norte.
El bloque de países del sur -representado por España, Grecia y Portugal- delataría la ilusión de someterse a un marco institucional que establece un proceso riguroso de convergencia económica, política y social.
A menos de dos años de iniciada la crisis financiera internacional, el alto grado de disciplina fiscal - que demanda la mantención de una política monetaria común - deja de manifiesto que los efectos asimétricos de los fuertes vaivenes de la economía internacional pueden arrastrar la credibilidad de la totalidad de sus participantes. Estados débiles y fuertes, políticos virtuosos y populistas, sociedades más proclives y menos proclives a la corrupción terminan representando un todo inseparable.
Es así que la continuidad del histórico proyecto "euro" -ya no sólo depende de la fortaleza económica e institucional de Alemania, Francia y Holanda, sino del comportamiento- en materia fiscal- de los menos desarrollados (y en este contexto, además, los menos disciplinados). En el caso de la UE, tan o más preocupante que la situación de la economía griega, es la información errónea (e intencionada), que entregaron las autoridades económicas de Grecia para ocultar el estado real de las finanzas del país.
Las grandes interrogantes que empañan la viabilidad de una moneda única -como el euro- es un indicio de los obstáculos prácticamente insalvables que enfrenta un proyecto similar -en un continente latinoamericano- aún atascado en una historia de inestabilidad económica, política y social.
En América Latina, la ineludible disciplina fiscal que demanda el orden económico mundial continúa siendo la excepción y no la regla. Frente a las obligaciones que impone una unión monetaria, es muy difícil imaginar a varios líderes de la región renunciando a la tentación de querer devaluar la nueva moneda para mejorar la competitividad de sus productos en el mercado internacional.
Asimismo, es remoto imaginar - a estos mismos gobiernos - cumpliendo metas inflacionarias y de gasto fiscal para salvaguardar la credibilidad e interés colectivo, atados a una unión monetaria que debe sobreponerse al escepticismo de la comunidad internacional.
Más aún, imposible imaginar - a los mismos líderes de la región - renunciando a la retórica populista y hostil en contra de sus vecinos o potencias mundiales en periodos pre-electorales. Una política exterior convergente, basada en la distensión y prudencia diplomática vis a vis resto del mundo es primordial para la consecución de un proyecto de tal trascendencia.
No es mucho pedir. En realidad, estas condiciones son mínimas si se desea poner en marcha un proceso de integración más "a la europea". Y si los europeos (después de 50 años de iniciar un proceso de integración muy intenso y exitoso), hoy están enfrentando grandes dilemas para la continuidad de su proyecto estrella, resulta muy poco creíble suponer que los latinoamericanos podamos hacerlo mejor.
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Algunas observaciones.
Algunas observaciones. Primero: El problema de fondo es que EEUU ha estado -desde 1973- devaluando su moneda a fin de mantener su competividad. Esto ha ocasionado que paises que tienen moneda estable -como los europeos- exporten menos y los que -como los latino americanos- cuentan sus ingresos en dolares recivan cada ves menos por sus productos. (a pesar que los precios "suben" en papel). Y al mismo tiempo necesitan cada ves mas dolares para importar lo que compran en el extranjero. (ningun problema para EEUU: ellos solo imprimen mas dolares).
Esto ha llevado a la sugerencia que deberian crearse "monedas regionales" o comunes estables a fin de defender el bienestar economico de otros paises. La mas conocida es el EURO.
Pero la propuesta de "moneda comun" no implica necesariamente y en el primer paso una "moneda unica".
Las alternativas son: Primero, un sistema de BANCOR regional, similar a lo que los paises del ASEAN han implementado (y muy exitosamente). lo que significa que se utilizan ciertas monedas regionales -las mas estables- para establecer un patron de valor. Y todos los paises que lo desean pueden o no unirse al sistema. (comprando y vendiendo en esa "moneda regional".
Segundo, la valuacion relativa al DEG del FMI de monedas nacionales, lo que significa que esas monedas nacionales se mantienen dentro de ciertos parametros en relacion al "papel oro" y por ende entre si mismas (como lo hacen en Europa algunos paises que no usan el Euro).
Ambos sistemas tienen la ventaja que los paises no estan obligados a pertenecer al sistema o usarlo. Solo lo hacen cuando les conviene. Pero ese uso implica que deben mantener disciplina monetaria. Y en la medida que esa disciplina se generaliza en la region, el uso llega a ser no solo conveniente sino imprescindible (a menos que se quiera ser el unico pais cuya moneda nadie acepta).
Pero disciplina monetaria no es problema solo de gobiernos y, especialmente, gobiernos regionales. Primero: deberia ser innecesario recordar que no hace mucho era el sector exportador privado que demandaba una desvalorizacion del peso chileno.
Segundo: el problema de fondo es que en estos momentos el dolar esta siendo desvalorizado en relacion al resto de las monedas. Mantener monedas estables es -en estos momentos- aumentar el precio de los productos producidos a nivel nacional.
Eso se podria solucionar manteniendo las monedas de los paises de america latina estables en relacion al dolar (usando el dolar como BANCOR o DEG) pero eso podria llevar a una situacion como la Argentina y otros sufrieron con sus respectivos "corralitos". (Eso no puede suceder con el BANCOR o el DEG, porque el publico no las puede comprar, no existen como monedas, son solo "unidades de cuenta" comercial entre paises)
En otras palabras, monedas -regionales o no- estables ocasionan ventajas. Pero tambien desventajas, especialmente cuando la moneda de uso general esta siendo desvalorizada. La propuesta de monedas regionales -estables o no- es una solucion parcial a ese problema, en la medida que significa que el comercio regional no esta sujeto a cambios en el valor del dolar. En principio, Chile podria exportar mil millones de BANCORes o DEGs a Argentina anualmente, y usar esa cantidad para comprar en Brasil, irrelevantemente de cuanto cueste el dolar.
Y en la medida que el comercio regional crece, la importancia de esa moneda crece. Y en la medida que esa importancia crece, crece la ventaja de la disciplina monetaria. Eso es lo que los paises del ASEAN -ejemplo mas relevante para latinoamerica que Europa- han hecho con buenos resultados.