Chile, un país de realismo mágico. Hoy de magia queda poco, pero de realismo mucho
El señor Escafandra venía de celebrar la caída de un muro que dividió a un país por muchos años. Él, al igual que Fukuyama sabía que las lecciones ya no las enseña el hombre, sino que para él, hoy es la naturaleza la que lo hace.
Finalizaba enero y el Gigante Escafandra miraba desde las alturas a una país repleto de alegría. Venía con la mirada del viejo continente: tenía sus ojos tristes. Dicen por ahí, que venía a rescatar a su sobrina, la misma que nos salvó de un rinoceronte una vez, pero el Escafandra sabía que de ésta no nos salvaríamos. Sus ojos lo decían, los de su sobrina también, pero nadie los supo interpretar. Recorrió las calles de la cuidad, miro por última vez los viejos edificios como queriéndose despedir de éste país alegre que costaría años volverlo a ver así, pero se durmió en su contenedor y se fue.
El Gigante Escafandra venia de Europa, un continente que pago sus culpas como ningún otro, que vivió la miseria en manos del hombre cuando lo tenían todo, pero las pagó. Hoy las culpas la cobra la naturaleza. En algo tenía razón Francis Fukuyama cuando nos hablaba del “fin de la historia”, pero olvidó hablar de la ira de la naturaleza, de eso sí que no sabía Fukuyama pero sí lo sabía el viejo Escafandra. Yo insisto: sus ojos lo decían.
Sin ir más lejos, el Señor Escafandra venia de celebrar la caída de un muro que dividió a un país por muchos años. Él, al igual que Fukuyama sabía que las lecciones ya no las enseña el hombre, sino que para él, hoy es la naturaleza la que hace derribar esos muros invisibles que dividen a las naciones. En su viaje del año pasado, recorrió las ruinas del muro derribado y escucho una lección que muy pocos pudimos interpretar en sus ojos, sé trataba de un pueblo que vivió en carne propia la autodestrucción y la destrucción de otros pueblos, pero ese pueblo, aprendió la lección y fue capaz de arrepentirse de su historia y hacer toda clase de méritos para pedir perdón por los errores cometidos. Acá la lección llegó, y es de esperar que la sepamos tomar, y su vez, reprochar con fuerza cualquier acción que vaya contra los principios, libertades, derechos e igualdades socioeconómicas de nosotros mismo (no vaya a ser que existan aún los que siguen siendo melancólicos a las dictaduras).
Sin duda que desde las alturas el señor Escafandra y la Pequeña Gigante veían lo que nosotros ignorábamos. Desde abajo, la sensación siempre fue de alegría, de arriba los ojos melancólicos de los gigantes decían algo (¿Qué nos habrán querido decir?). El mismo rinoceronte que la Pequeña Gigante atrapó la primera vez, está vez se arrancó, y por debajo de la tierra –como es su costumbre- sacó los bastidores por completo del escenario, y la magia llegó a su fin. Hoy, nos enteramos de esa cruda realidad.
El rinoceronte aún se manifiesta bajo la tierra, y no se irá hasta que aprendamos la lección. El rinoceronte, sí hay algo que no soporta es la soberbia. Él, se indignaba cuando el agrandado del barrio le decía al vecino “que nosotros podíamos pegar fuerte” y lucía sus armas en tono beligerante, le indignaba también cuando con aires de grandeza gritaban que “llegaríamos a ser desarrollados”, y así mirábamos por el hombro al vecino. Pero lo que hizo reventar la furia del rinoceronte fue ese muro que los gigantes percibían desde la altura y que nosotros no podíamos, ni queríamos mirarlo. Fue ahí que esperó que en medio de la función, arrancar el telón de fondo desnudando la magia que muchos no queríamos ver.
Lo que había detrás era una escena horrible, se trataba de un grupo de individuos iguales a nosotros que se hicieron escuchar amargamente. Era un grupo que carecía de muchas cosas que nosotros teníamos, no viajaban de vacaciones a Cancún, no tenían la posibilidad de una educación de calidad, pocos de ellos estaban conectados al mundo por Internet, nosotros no percibíamos que cuando nos subíamos al metro cada estación costaba millones de dólares y así reclamábamos y reclamábamos sin darnos cuenta que para ir a la escuela ellos debían caminar horas a pie, pocos sabíamos que ellos vivían con menos de 2.000 pesos diarios, pocos sabíamos que cuando elegíamos entre una opción para gobernar muy similar a la otra, a ellos les daba lo mismo porque sabían que el show debía continuar, y lo peor de todo: muchos no sabíamos que ellos existían. Hoy cuando el show ya no es show, la realidad nos grita ¡no nos olviden!
En fin, el Señor Escafandra y su sobrina se fueron a un país del norte, donde preparan la misma lección: recorrerán las calles de una hermosa ciudad, caminaran a paso grande pero lento con su mirada inteligente pérdida en el horizonte, y reflexionaran juntos acerca de las significaciones del hombre. Recorrerán las calles y percibirán como la arrogancia de un pueblo vivió la misma realidad que nosotros, pero allá fue desde el cielo que calló juicio contra el emblema de aquel país resultando en el piso sus dos baúles más preciados e idénticos, atiborrados los dos de riqueza de muy dudosa procedencia, pero que el rinoceronte finalmente terminó por echar abajo. No me cabe duda que con los gigantes pasará lo de siempre, no dirán ninguna palabra, pero acá un concejo: solo piérdanse en sus ojos, siempre hay alguien que quiere decirnos algo, y como alguna vez lo grito Mafalda, lo grito yo también: ¡paren el mundo, que me quiero bajar!
El Gigante Escafandra venia de Europa, un continente que pago sus culpas como ningún otro, que vivió la miseria en manos del hombre cuando lo tenían todo, pero las pagó. Hoy las culpas la cobra la naturaleza. En algo tenía razón Francis Fukuyama cuando nos hablaba del “fin de la historia”, pero olvidó hablar de la ira de la naturaleza, de eso sí que no sabía Fukuyama pero sí lo sabía el viejo Escafandra. Yo insisto: sus ojos lo decían.
Sin ir más lejos, el Señor Escafandra venia de celebrar la caída de un muro que dividió a un país por muchos años. Él, al igual que Fukuyama sabía que las lecciones ya no las enseña el hombre, sino que para él, hoy es la naturaleza la que hace derribar esos muros invisibles que dividen a las naciones. En su viaje del año pasado, recorrió las ruinas del muro derribado y escucho una lección que muy pocos pudimos interpretar en sus ojos, sé trataba de un pueblo que vivió en carne propia la autodestrucción y la destrucción de otros pueblos, pero ese pueblo, aprendió la lección y fue capaz de arrepentirse de su historia y hacer toda clase de méritos para pedir perdón por los errores cometidos. Acá la lección llegó, y es de esperar que la sepamos tomar, y su vez, reprochar con fuerza cualquier acción que vaya contra los principios, libertades, derechos e igualdades socioeconómicas de nosotros mismo (no vaya a ser que existan aún los que siguen siendo melancólicos a las dictaduras).
Sin duda que desde las alturas el señor Escafandra y la Pequeña Gigante veían lo que nosotros ignorábamos. Desde abajo, la sensación siempre fue de alegría, de arriba los ojos melancólicos de los gigantes decían algo (¿Qué nos habrán querido decir?). El mismo rinoceronte que la Pequeña Gigante atrapó la primera vez, está vez se arrancó, y por debajo de la tierra –como es su costumbre- sacó los bastidores por completo del escenario, y la magia llegó a su fin. Hoy, nos enteramos de esa cruda realidad.
El rinoceronte aún se manifiesta bajo la tierra, y no se irá hasta que aprendamos la lección. El rinoceronte, sí hay algo que no soporta es la soberbia. Él, se indignaba cuando el agrandado del barrio le decía al vecino “que nosotros podíamos pegar fuerte” y lucía sus armas en tono beligerante, le indignaba también cuando con aires de grandeza gritaban que “llegaríamos a ser desarrollados”, y así mirábamos por el hombro al vecino. Pero lo que hizo reventar la furia del rinoceronte fue ese muro que los gigantes percibían desde la altura y que nosotros no podíamos, ni queríamos mirarlo. Fue ahí que esperó que en medio de la función, arrancar el telón de fondo desnudando la magia que muchos no queríamos ver.
Lo que había detrás era una escena horrible, se trataba de un grupo de individuos iguales a nosotros que se hicieron escuchar amargamente. Era un grupo que carecía de muchas cosas que nosotros teníamos, no viajaban de vacaciones a Cancún, no tenían la posibilidad de una educación de calidad, pocos de ellos estaban conectados al mundo por Internet, nosotros no percibíamos que cuando nos subíamos al metro cada estación costaba millones de dólares y así reclamábamos y reclamábamos sin darnos cuenta que para ir a la escuela ellos debían caminar horas a pie, pocos sabíamos que ellos vivían con menos de 2.000 pesos diarios, pocos sabíamos que cuando elegíamos entre una opción para gobernar muy similar a la otra, a ellos les daba lo mismo porque sabían que el show debía continuar, y lo peor de todo: muchos no sabíamos que ellos existían. Hoy cuando el show ya no es show, la realidad nos grita ¡no nos olviden!
En fin, el Señor Escafandra y su sobrina se fueron a un país del norte, donde preparan la misma lección: recorrerán las calles de una hermosa ciudad, caminaran a paso grande pero lento con su mirada inteligente pérdida en el horizonte, y reflexionaran juntos acerca de las significaciones del hombre. Recorrerán las calles y percibirán como la arrogancia de un pueblo vivió la misma realidad que nosotros, pero allá fue desde el cielo que calló juicio contra el emblema de aquel país resultando en el piso sus dos baúles más preciados e idénticos, atiborrados los dos de riqueza de muy dudosa procedencia, pero que el rinoceronte finalmente terminó por echar abajo. No me cabe duda que con los gigantes pasará lo de siempre, no dirán ninguna palabra, pero acá un concejo: solo piérdanse en sus ojos, siempre hay alguien que quiere decirnos algo, y como alguna vez lo grito Mafalda, lo grito yo también: ¡paren el mundo, que me quiero bajar!
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Alvaro: Publiqué tu
Estimado amigo primero que
Estimado amigo
primero que todo, te felcito, acto seguido dos consejos (con mucho respeto a tu persona)
1.- no creo que este diario sea leido por gente que sepa hacia donde los politicos arrogantes llevan el pais y han construido solo un almacen que les de ganacias a corto plazo, por lo cual; creo debieras buscar una plataforma propia para darnos a conocer tu fundada opinion. de un tiempo a esta parate este diario de propiedad intelectual de fernando flores, mantiene una linea politica y para nada es de su interes lo que escribes. alli la respuesta porque nadie comento tu nota..
2.- no puedes dar tu sabia a palabra a los dintrans, te tienen un par de horas y destacan a sus amigotes como corresponsal de la semana.. (que me discuta lo contrario pablito y cinthita)
la participacion de los diarios electronicos se chacreo hace bastante tiempo y sirve solo para denigrar aun mas la alicaida humanidad..
tomalo o dejalo, pero tienes tinta en tu pluma, no la des a hojas que no haran historia, no seas como isabel allende (gringa best seller)
atte alvaro