
Crónica de un viaje junto a un chico con Síndrome de Down. Por Ignacio Escribano.
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Escrito por Ignacio Escribano
Mi mente deambulaba absorta en todo tipo de pensamientos. En una nadería imaginaria. Algunas músicas sonaban en los auriculares del iPod. Allá afuera, el mediodía se teñía de un verde amarillento, bien de otoño.
El 130 se adentraba entre los bosques como una flecha. El ruido del motor, la osamenta metálica maltrecha y los densos gases del escape eran un himno perfecto a la crueldad humana.Pensé que de haber estado en un barrio cerrado, donde las multas por exceso de velocidad se hacen y se pagan, no habríamos superado los 30 kilómetros por hora. Pero andábamos por el mundo real de un país vertiginoso, donde las reglas de juego son sólo un juego donde cada quien pauta las reglas. Recuerdo que en más de una curva tuve que sujetarme del pasamanos casi hasta con el alma. Estoicamente, sobreviví a todas ellas. De pie.
Ese día se reiniciaba la reunión de los martes. Me sentí algo extraño pensando en el grupo y su dinámica. Al instante, tuve la corazonada de que el consultor me daría la palabra. La sola idea de tener que abrirme frente al grupo me dio una especie de pereza existencial.
A la altura del hipódromo Beth Carvalho sonaba de fondo. De tanto en tanto, retomaba el cauce de mis cavilaciones y la música se perdía entre ellas. Frente a mí, noté que alguien sentado en el primer asiento me hacía señas con sus manos. Mis ojos se encontraron con el rostro de un chico, más bien un muchacho, vestido pulcramente, de pelo oscuro cortado al ras y dueño una mirada que rebalsaba inocencia y dulzura. Se me quedó mirando. Yo a él.
Reparé no tanto en sus rasgos mongoloides como en su cutis pustuloso. Su piel entera era un grito ancestral de pubertad en erupción. Quise adivinar su historia y su destino.
La palabra “ternura” resonó en mi cabeza.
La voz de Beth Carvalho se internaba más y más en las aguas de un samba-canción.Totalmente desinhibido, como si nos conociésemos de toda la vida, me preguntó qué estaba escuchando. Le pasé los auriculares.Sonrió una y otra vez cuando escuchó el espíritu brasilero encerrado en la maquinita de mp3. Cada célula de su cuerpo emanaba alegría, placer, bondad.Me detuve a observarlo con atención. Todo era espontaneidad y frescura. No había un ápice de maldad en aquella humanidad en carne viva.
Levanté la mirada y repasé la expresión del resto de los pasajeros. Conformaban un triste caldo seco de tensión y amargura.
“¿Quién es, acá, el verdadero discapacitado? ¿Dónde fue a parar el potencial humano que nos regaló la vida?”, pensé. Nos despedimos con una sonrisa en forma de abrazo y me perdí lleno de vida entre las aguas moribundas de un mediodía otoñal, generosamente gris, fiel al estilo porteño.
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Última Actualización: 11 de Marzo 2010 04:05:49 PM
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3 Comentarios
soledad:
Publicado en: Domingo 19 de Octubre 2008 11:00:04 PM
holasoy maria soledad visco yo bien soy especial sindome wuann quiero a verlos como son yo quiero trabajar sobre esto discapacidad
JORGE:
Publicado en: Jueves 30 de Octubre 2008 07:34:48 AM
hola soledad soy jorge, soy papa de un niño con sindrome de down, llamamae al fono 96726575o escribe a irenefrei@hotmail.com
andrea:
Publicado en: Miércoles 28 de Enero 2009 03:14:15 PM
Soy madre de un down de 9 meses y debo reconocer que en un principio lo pase mal pero hoy solo puedo decir que es el angel que dios le dio a mi vida suerte a todos