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2008-09-30 15:00:00
Bolaño sumergió a sus lectores en la búsqueda de discriminar la frontera delicada entre realidad posible y realidad empÃrica. Quedando impresa la figura del Detective Salvaje que debe cuestionar los hechos narrados.
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Escrito por Daniel Rojas Pachas
(…)Y los oà cantar, los oigo cantar todavÃa, ahora que ya no estoy en el valle, muy bajito, apenas un murmullo casi inaudible, a los niños más lindos de Latinoamérica, a los niños mal alimentados y a los bien alimentados, a los que lo tuvieron todo y a los que no tuvieron nada, qué canto más bonito es el que sale de sus labios, qué bonitos eran ellos, qué belleza, aunque estuvieran marchando hombro con hombro hacia la muerte, los oà cantar y me volvà loca, los oà cantar y nada pude hacer para que se detuvieran, yo estaba demasiado lejos y no tenÃa fuerzas para bajar al valle, para ponerme en medio de aquel prado y decirles que se detuvieran, que marchaban hacia una muerte cierta.(…)
(…) Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.
Y ese canto es nuestro amuleto.
En las páginas finales del libro Amuleto de Roberto Bolaño, encontramos este monólogo en boca de Auxilio Lacouture, uruguaya, madre de la poesÃa mexicana, flaca y espigada como una versión femenina del Quijote.
La mujer, pues parece poco decir simplemente el personaje, como ocurre en la mayorÃa de casos de aquellas existencias que originó la mente del chileno, más bien narrador y poeta continental, ofició como secretaria y barrendera del estudio de dos poetas españoles exiliados y que fueron parte valiosa de la genial vanguardia del 27, Pedro Garfias y León Felipe. Curiosos nexos como este, no tan anecdóticos o pretenciosos como podrÃan parecer en un principio, dan rienda al juego preferido del autor, desafiar los lÃmites de lo verosÃmil, asà comienza la trasgresión y se da la trascendencia del papel a lo mundano, lo vital emerge en cada párrafo, en cada desafiante discurso capaz de movilizar los hilos de lo extratextual, configurado por el pensamiento y las aprehensiones del lector.
El maridaje se va estrechando en torno a la cultura y siempre con un contenido irremediable, oscuro, violencia y locura entrelazadas, no por nada la historia parte señalando:
Ésta será una historia de terror. Será una historia policÃaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.
Bolaño es un digno maestro en el diseño de mundos literarios, los que curiosamente o más bien, felizmente, orbitan en torno a lo literario, la literatura es su obsesión, la medula de su espÃritu creativo, de su herida como fabulador, lo valioso es que en su calidad de autodidacta y lector, y creo eso es lo que más se le reconoce, pues jamás perdió la capacidad de asombro y de ver más allá, cediendo a lo que un mero segmento del público espera. Bolaño no es complaciente con las camarillas y sectas académicas ni tampoco con el fandom y los cultistas, él por su propia inclinación y libre creatividad, inicia indistintamente un libro con un epÃgrafe de su amigo Mario Santiago, el poeta mexicano autor del Aullido del Cisne y que leÃa en la ducha o hace alusión a una cita de Petronio.
Para Bolaño, el arte no es un pañuelo de seda en que sólo cabe el fraseario erudito y la intertextualidad con los clásicos y los Nobeles, música docta y museos parisinos, y si bien no se va al otro extremo, propio del realismo sucio y crónica urbana al uso, Bolaño demuestra con talento que el pañuelo de seda, no siempre está exento de sangre y otras excrecencias. Los vasos comunicantes entre los grandes pensadores de una sociedad y el lumpen más desastroso, están a un paso y rodeando al habitante común en su horario de oficina, pues son vidas solitarias, periféricas, al lÃmite. AsÃ, sus personajes, fÃsico culturistas, ex boxeadores, criminales, proxenetas y locos artistas, fascistas de la brocha y la pluma, son esplendidos lectores y creadores, hacen de sus fechorÃas y vidas, actos poéticos. En la autopista paralela, sus personajes eruditos, aquellos escritores y crÃticos, investigadores y muralistas, son detectives salvajes, viajeros como los héroes de las tragedias griegas, guerreros y poetas que deambulan en la noche, que se mutilan y guardan cadáveres en el patio trasero gestando los extramuros de la cotidianidad.
Bajo esa cuña que para algunos es un despliegue exagerado de conocimiento, sólo queda recalcar lo exagerado de su limitación como interpretes, pues basta con revisar la vida de muchos escritores, dementes genios como Vallejo famélico, Baudelaire con sÃfilis, Hemingway volándose la cabeza de un tiro, Kafka tuberculoso desafiando a su progenitor, Rimbaud con sÃfilis traficando armas, Joyce traficando libros con un look de pirata, Delmira Agustini victima de un crimen pasional terrible, Pessoa creando heterónimos, Vian creando heterónimos de color para escribir violentas historias de racismo y jazz, Crane saltando al vació, Berryman saltando al vacÃo, Pascal cortándose las venas, Chetterton envenado, Panero recluido, Salinger auto recluido y muchos más que Bukowski pudriéndose en sus moteles, borracho y recluido se pregunta, ¿qué pretenden estos que algunos consideran pequeños dioses?, verdaderos dionisiacos, posicionados en los anaqueles de la insanidad, balanceándose como elefantes sobre un delgado hilo hacia el más insondable abismo. La realidad entonces, se reescribe en fantasmales y maravillosas voces que impulsan al lector a indagar más a fondo en periodos, lecturas, generaciones y movimientos, cruzados por numerosas anécdotas, vidas que en la autotelia de la palabra, algo tan ansiado por los escritores, esa patria que es tu lenguaje en acción más allá de cualquier pedazo de concreto, va desafiando los lindes de lo humano, de lo histórico, relegando a cronistas y glosadores a un segundo plano ante el predominio de la ficción verosÃmil bien edificada.
Podemos en tal medida señalar que Auxilio y su mente son una alegorÃa de la memoria de América del mundo, ella misma lo señala: Luego me desperté. Pensé: yo soy el recuerdo.
Y asà dicen sus juegos adivinatorios.
(…)Estoy en el lavabo de mujeres de la Facultad y puedo ver el futuro, decÃa yo con voz de soprano y como si me hiciera de rogar.
Ya lo sé, decÃa la voz del sueño, ya lo sé, tú empezá con las profecÃas que yo las anoto.
Las voces, decÃa yo con voz de barÃtono, no anotan nada, las voces ni siquiera escuchan. Las voces sólo hablan.
Te equivocas, pero es igual, tú di lo que tengas que decir y procura decirlo fuerte y claro.
Entonces yo tomaba aliento, dudaba, ponÃa la mente en blanco y finalmente decÃa: mis profecÃas son éstas.
VladÃmir Maiakovski volverá a estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año 2124. Thomas Mann se convertirá en un farmacéutico ecuatoriano en el año 2101. (…)
Juego que proyecta la resurrección de poetas y narradores universales hasta el fin de los tiempos en un infierno en vida que cierra bajo el enigmático y penumbroso 2666.
(…)no un cementerio de 1974, ni un cementerio de 1968, ni un cementerio de 1975, sino un cementerio del año 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo.
Las evidencias son muy marcadas, la mujer que resistió acalambrada dentro de un baño el quiebre de la autonomÃa universitaria cuando la UNAM fue invadida por los militares, convirtiéndose en una ambigua leyenda, pasa más allá de ser un mero personaje, reducirla a esa categorÃa serÃa ofensivo, igual que reducir a Arturo Belano, alter ego del autor y a Ernesto San Epifanio, a Remedios Varo y Lilian Serpas la amante del che Guevara, todos presentes en el particular fluir de la conciencia de Auxilio y sus delirios claustrofóbicos, durante su hacinamiento que buscaba salvar su pellejo del fascismo. En esas condiciones la mujer se empapa de mágicas percepciones, volviéndose una especie de Tiresias.
Moderna versión del profeta que transita entre el pasado y futuro no sólo el personal y de sus coetáneos, amigos y conocidos, poetas infrarrealistas, perdón realvisceralistas de los 70 sino que su voz se prolonga a todo el quehacer literario joven de nuestro continente, e ahà la fuerza del discurso disperso de una mente enfebrecida y que usé para abrir el artÃculo. La similitud de este con Howl de Ginsberg, tampoco se puede obviar. En este punto además, no es secreto, la afición beatnik de Bolaño, como ignorar entonces la obra del budista y sus compañeros, la influencia de Kerouac, de Corso y Burroughs, en él, que fue un gran lector de poesÃa, un autodidacta sapientÃsimo.
Amuleto, novela corta, repleta de personajes, más bien existencias, es entonces una prolongación del genio lector de Bolaño, capaz de crear dualidades carismáticas que no dejan de ser fantasÃas y que en esa ambivalencia tan especial entre real y ficticio, permiten la flexibilidad del trato con cada persona que los reconoce y dialoga al leerlos, al interpretarlos, en un presente que se diluye rápidamente y siempre remite a esas lozas, a esa pulcritud y silencio abismal del baño universitario, a esos minutos de asfixia que compartimos en el silencio de nuestra propia conexión con el amuleto, con la palabra, con el canto. El amuleto de la creación y de la sabidurÃa y también de la canÃbal demencia de América, de la llegada de exiliados, genios europeos, que revolucionaron nuestras letras, el giro polÃtico, las dictaduras y utopÃas comunistas, el vacÃo posterior de generaciones que soñaron y fueron abortadas y el inicio de nuevas generaciones impávidas que nada saben y poco les importa la tierra y las reivindicaciones del pasado, huérfanos, cosmopolitas hijos del soundtrack y el pop culterano, Amuleto es una bitácora de toda la narrativa de Bolaño, y en palabras exactas de otra de sus existencias, el investigador literario Amalfitano de 2666, Amuleto como Baterbly o La Metamorfosis, serÃa un ejercicio de esgrima perfecto, no como sus hermanos mayores, batallas desordenadas, sangrientas, atemorizantes, fétidas y carentes de aplicación, geniales en su caos, en su apertura, Amuleto en cambio, redonda, exacta, entrenada previamente, presenta la finitud, es limpia, maravillosa y digna del gusto de un farmacéutico ilustrado.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en: Cinosargo
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3 Comentarios
luchito:
Publicado en: Martes 30 de Septiembre 2008 04:52:48 PM
El hermitaño cayendo de las falezas del vientre compungido de la mediocridad creciente en un barberecho de juvenil ocinoioplatia conjugal , que , depues de engendrar valles y luces en la profundidad del estero saluda recibiendo el congojado vituperio de cansadas callejuelas mirando al ser extraño que seguai su nombre imperfacto.Con exasperación puntual agregada de mayonesa y con el tildar de las naciones recibe mi saludo oh pobre Daniel, enredado de la cabeza.
José MartÃnez Fernández:
Publicado en: Martes 30 de Septiembre 2008 09:55:42 PM
Grande, como siempre, este enorme articulista que es Daniel Rojas Pachas, escribiendo sobre el más grande genio narrativo producido por Chile.Me gusta, Daniel, que hayas agregado a tu firma tu segundo apellido.
Daniel Rojas hay muchos.
Daniel Rojas Pachas hay uno solo.
Tu amigo,
José G. MartÃnez Fernández.
Nicole DÃaz Geldres:
Publicado en: Lunes 03 de Noviembre 2008 06:02:52 PM
Leà el libro, y no fue mucho lo que entendÃ, debe ser porque fue el primero que tomé de Bolaño, en fin, aún tengo dudas con eso. En todo caso, ahora que lo dice, las combinaciones de realidades fueron las que me confundieron y las que al mismo tiempo me gustaron.Me gustarÃa comunicarme con Ud.
Muchas gracias por el espacio para el lector.
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