Hambre de éxito: La Mediocridad del fútbol provinciano
Está claro que la calidad del fútbol chileno no es la que esperamos. Los cambios son muy a largo plazo, quizás nunca lleguen, y tengamos seguir gritando malos entre malos, viendo como el fútbol se hunde. Posiblemente sea el fútbol que merecemos.
Está claro que la calidad del fútbol chileno no es la que esperamos, posiblemente sea el fútbol que merecemos por ser un país con pocos habitantes, pero lo cierto es que constantemente nos lamentamos por ser más malos de lo que creemos y de lo que queremos. Quizás anhelamos ser mejores porque tenemos de vecinos a la Argentina, quien tiene un campeonato digno de admirar mundialmente en todos sus sentidos, o porque semana a semana y a través de los medios de comunicación nos vemos bombardeados con los mejores campeonatos del mundo, pero luego vemos el campeonato nuestro y es como recibir una patada en la cara, nos da una suerte de desesperación y pena por ver lo poco competitivo que somos. Si no fuera por los ídolos futboleros del momento hace rato que hubiésemos aceptado nuestra completa incompetencia en la esfera del balompié, y nos dedicaríamos a otro deporte, o inventaríamos uno propio para ser campeones mundiales (al estilo del fútbol americano).
Pero somos testarudos, no nos basta con saber y sufrir la baja calidad de nuestro fútbol, y seguimos consumiendo semana a semana horas de noticiarios dedicados solamente a nuestro mundo pelotero, matando horas mirando un campeonato que tiene de finalistas a dos equipos que no se ubicaron dentro de los primeros lugares de la fase regular del apertura 2008, en otras palabras, nos gusta ilusionarnos para luego llorar en la Copa América, en las clasificatorias, en la sudamericana y la libertadores.
¿Tenemos posibilidades reales de tener un fútbol de calidad? Sinceramente creo que sí, porque esa misma fe que semana a semana nos sienta en el estadio o en el sillón para apreciar el juego de nuestros equipos nacionales, la tienen los futuros "cabeza de pelota" y desde ellos nacerán nuevos ídolos; pero antes, deben originarse varios cambios, porque así como vamos no lograremos esa meta idílica de ser los mejores del mundo. El cambio que todos esperamos pasa por muchos factores técnicos archinombrados, como el mejoramiento de las canchas y los estadios, de la dirigencia de la ANFP, mayor gasto en deporte, árbitros de calidad, etc., y también pasa por aspectos más difíciles de mejorar al corto plazo, que tienen que ver con factores culturales como, el también archinombrado, cambiar la mentalidad del futbolista chileno: apocado, ansioso, poco orgulloso de su camiseta (roja), defensivo, flojo, lento, temeroso y poco estratega, pero testarudo.
Sin embargo, hay otro aspecto que no se ha tomado en cuenta en los grandes medios de comunicación porque no le llega a nadie más que al hincha de provincia, y tiene que ver con la actitud exitista (y poco realista) del chileno aldeano promedio que adolece de triunfos y héroes, lo que es causa, quizás, de su anónima y precaria existencia en la sociedad actual hiper centralizada. Un dato: Si no creen que estamos falta de héroes y de triunfos reales basta que recordemos la pomposidad y relevancia que tuvieron las muertes de J.M. o del "General Bernales" quienes lo único que hicieron fue algo básico: hacer bien su pega y ser personajes públicos, y sólo por esto fueron alzados a niveles de “héroes” de la patria.
Bueno, esa actitud poco reflexiva, poco crítica, este patético manifiesto de "carencia de héroes", es el arquetipo que estimula al aldeano para hacerse hincha del "Colo" o de "La chile" sólo porque potencialmente estos clubes no agregarían más tristeza a esta exigua existencia “rural”, asegurando al inconsciente, hambriento de éxitos, unas cuantas estadísticas positivas, varios triunfos semestrales, campeonatos ganados, otros tantos cánticos catárticos y una que otra frase como "colo-colo es chile" (como si a este club le interesara trasladar su localía a un pueblito provinciano en las afueras de Santiago).
Ese apetito letal de éxito, esa necesidad de vestirse siempre del triunfo, este exitismo sin una reflexión introspectiva crítica y regionalista, hace de nuestro fútbol nacional un ambiente viciado, de estadios tristes y semivacíos desde Valparaíso al norte, desde Rancagua al sur, los cuales esperan dos veces al año la visita de "los grandes", de estos colosos llenos de éxitos, para sacar una recaudación monetaria razonable y mantener los sueldos de nuestros humildes clubes de potreros y canales, de chépica y guano.
Pero alguna vez nos hemos puesto a conversar, nos hemos puesto a pensar, sobre lo grande que haría a nuestro fútbol nacional tener muchos clubes "grandes", que los éxitos no se hagan exclusivos para albos o azules sino que se hagan extensivos a nuestros clubes granjeros, o que sea igual motivo de orgullo vestirse de celeste como de verde o de blanco. Lo que pasa es que los jugadores de nuestros pequeños clubes siempre miran hacia Macul, y les da lo mismo que su camiseta sea celeste o rojinegra, juegan bien para irse lejos de aquí, no para darnos títulos.
Pero la culpa no es del jugador, quien como nosotros busca un mejor sueldo, la culpa es de nosotros, los insulsos campesinos, que llenamos nuestros estadios dos veces al año, que la mitad de Rancagua sea Azul o Blanco y que estos seudocapitalinos se sientan "superiores" cuando nos dicen huasos (pero ha sido Rancagua quien les ha dado todo). La culpa es del provinciano “ninfómano” de triunfo, sin orgullo propio, que consume victoria fácil sin sufrir como sufrimos nosotros para conseguir algo. Si tuviéramos muchos provincianos orgullosos de sus equipos, llenando (o casi) semana a semana el estadio, nuestros clubes regionales serían un poco más grandes, tendríamos jugadores orgullosos vistiendo nuestras camisetas, jugando partido a partido con pasión, subiendo, por lo tanto, el nivel general de nuestro fútbol nacional a través de una competencia más encarnizada donde “la batalla” se libre sobre los pastos de nuestros estadios, sacando jugadores y equipos nacionales mejor preparados para que salgan a lucirse en cualquier competencia internacional.
Pero esos cambios son muy a largo plazo, quizás nunca lleguen, y tengamos que seguir aguantando a los consumistas de éxito fácil, que nos sigamos gritando huasos entre huasos, malos entre malos, viendo como el fútbol provinciano se hunde en su propio pasto, mirando de reojo hacia Macul, deseando ser santiaguino en vez de Talquino, Rancaguino, Chillanejo, Penquista, Antofagastino, Porteño, etc., y viendo como nuestro fútbol nacional siga en una mediocridad nauseabunda, llena de héroes expresos, comentaristas argentinizados y deportistas chatos, aburridos, cansados con la presión que les ponemos para que sean los mejores del mundo de un día para otro.
foto: http://www.flickr.com/photos/q_cho/427167188/
Pero somos testarudos, no nos basta con saber y sufrir la baja calidad de nuestro fútbol, y seguimos consumiendo semana a semana horas de noticiarios dedicados solamente a nuestro mundo pelotero, matando horas mirando un campeonato que tiene de finalistas a dos equipos que no se ubicaron dentro de los primeros lugares de la fase regular del apertura 2008, en otras palabras, nos gusta ilusionarnos para luego llorar en la Copa América, en las clasificatorias, en la sudamericana y la libertadores.
¿Tenemos posibilidades reales de tener un fútbol de calidad? Sinceramente creo que sí, porque esa misma fe que semana a semana nos sienta en el estadio o en el sillón para apreciar el juego de nuestros equipos nacionales, la tienen los futuros "cabeza de pelota" y desde ellos nacerán nuevos ídolos; pero antes, deben originarse varios cambios, porque así como vamos no lograremos esa meta idílica de ser los mejores del mundo. El cambio que todos esperamos pasa por muchos factores técnicos archinombrados, como el mejoramiento de las canchas y los estadios, de la dirigencia de la ANFP, mayor gasto en deporte, árbitros de calidad, etc., y también pasa por aspectos más difíciles de mejorar al corto plazo, que tienen que ver con factores culturales como, el también archinombrado, cambiar la mentalidad del futbolista chileno: apocado, ansioso, poco orgulloso de su camiseta (roja), defensivo, flojo, lento, temeroso y poco estratega, pero testarudo.
Sin embargo, hay otro aspecto que no se ha tomado en cuenta en los grandes medios de comunicación porque no le llega a nadie más que al hincha de provincia, y tiene que ver con la actitud exitista (y poco realista) del chileno aldeano promedio que adolece de triunfos y héroes, lo que es causa, quizás, de su anónima y precaria existencia en la sociedad actual hiper centralizada. Un dato: Si no creen que estamos falta de héroes y de triunfos reales basta que recordemos la pomposidad y relevancia que tuvieron las muertes de J.M. o del "General Bernales" quienes lo único que hicieron fue algo básico: hacer bien su pega y ser personajes públicos, y sólo por esto fueron alzados a niveles de “héroes” de la patria.
Bueno, esa actitud poco reflexiva, poco crítica, este patético manifiesto de "carencia de héroes", es el arquetipo que estimula al aldeano para hacerse hincha del "Colo" o de "La chile" sólo porque potencialmente estos clubes no agregarían más tristeza a esta exigua existencia “rural”, asegurando al inconsciente, hambriento de éxitos, unas cuantas estadísticas positivas, varios triunfos semestrales, campeonatos ganados, otros tantos cánticos catárticos y una que otra frase como "colo-colo es chile" (como si a este club le interesara trasladar su localía a un pueblito provinciano en las afueras de Santiago).
Ese apetito letal de éxito, esa necesidad de vestirse siempre del triunfo, este exitismo sin una reflexión introspectiva crítica y regionalista, hace de nuestro fútbol nacional un ambiente viciado, de estadios tristes y semivacíos desde Valparaíso al norte, desde Rancagua al sur, los cuales esperan dos veces al año la visita de "los grandes", de estos colosos llenos de éxitos, para sacar una recaudación monetaria razonable y mantener los sueldos de nuestros humildes clubes de potreros y canales, de chépica y guano.
Pero alguna vez nos hemos puesto a conversar, nos hemos puesto a pensar, sobre lo grande que haría a nuestro fútbol nacional tener muchos clubes "grandes", que los éxitos no se hagan exclusivos para albos o azules sino que se hagan extensivos a nuestros clubes granjeros, o que sea igual motivo de orgullo vestirse de celeste como de verde o de blanco. Lo que pasa es que los jugadores de nuestros pequeños clubes siempre miran hacia Macul, y les da lo mismo que su camiseta sea celeste o rojinegra, juegan bien para irse lejos de aquí, no para darnos títulos.
Pero la culpa no es del jugador, quien como nosotros busca un mejor sueldo, la culpa es de nosotros, los insulsos campesinos, que llenamos nuestros estadios dos veces al año, que la mitad de Rancagua sea Azul o Blanco y que estos seudocapitalinos se sientan "superiores" cuando nos dicen huasos (pero ha sido Rancagua quien les ha dado todo). La culpa es del provinciano “ninfómano” de triunfo, sin orgullo propio, que consume victoria fácil sin sufrir como sufrimos nosotros para conseguir algo. Si tuviéramos muchos provincianos orgullosos de sus equipos, llenando (o casi) semana a semana el estadio, nuestros clubes regionales serían un poco más grandes, tendríamos jugadores orgullosos vistiendo nuestras camisetas, jugando partido a partido con pasión, subiendo, por lo tanto, el nivel general de nuestro fútbol nacional a través de una competencia más encarnizada donde “la batalla” se libre sobre los pastos de nuestros estadios, sacando jugadores y equipos nacionales mejor preparados para que salgan a lucirse en cualquier competencia internacional.
Pero esos cambios son muy a largo plazo, quizás nunca lleguen, y tengamos que seguir aguantando a los consumistas de éxito fácil, que nos sigamos gritando huasos entre huasos, malos entre malos, viendo como el fútbol provinciano se hunde en su propio pasto, mirando de reojo hacia Macul, deseando ser santiaguino en vez de Talquino, Rancaguino, Chillanejo, Penquista, Antofagastino, Porteño, etc., y viendo como nuestro fútbol nacional siga en una mediocridad nauseabunda, llena de héroes expresos, comentaristas argentinizados y deportistas chatos, aburridos, cansados con la presión que les ponemos para que sean los mejores del mundo de un día para otro.
foto: http://www.flickr.com/photos/q_cho/427167188/
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En Chille simplemente
En Chille simplemente Fútbol y territorio no coinciden, salvo un par de excepciones en Provincia (Cobreloa, Wanderers...). Al contrario, pese a la transversalidad de Boca y River, en Argentina la asociación de barrio y equipo es muy fuerte. En Brasil, el futbol por Estado es muy fuerte y se juegan campeonatos a vida o muerte en cada uno de los Estados, obviamente en cada uno de ellos hay rivalidades fuertísimas y si bien con Flamengo existe la transversalidad de la que ya hablamos, sus hinchas varias veces me han dicho que un título Carioca (Copa del Estado de Rio) ganado al Vasco o al Botafogo o al Fluminense es más importante que un título del Brasileirao (Campeonato Nacional) o de la Copa Brasil.
Pero como empezamos este
Pero como empezamos este círculo, pq lo ue pasa es que muchos necesitan incentivos para sentirse más identificados, ponte tú, que el ohiggins campeone 3 años seguidos... reci´ñen ahí muchos pensarían en ser fieles y orgullosos hinchas de ohiggins...
lo mismo para el resto de las cosas: ¿cómo creamos ese sentimiento de arraigo y orgullo local si no hay de nada en que enorgullecerse?
Un tema es la identidad, pero crear una identidad es una cosa de fe, es inventarse algo y creer en ello ciegamente.
En el caso de Argentina resulta, ponte tú, pq los argentinos con su fenotipio europeo en mérica es un poco raro, y es cosa de vida o muerte inventarse una identidad, pero lso chilenos tenemos una identidad arraifada en el fenotipo, que es la mezcla mapuche, pero es una cosa rara, a casi nadie le enorgullece de sobremanera tener antepasados mapuches como para andar gitándolo al viento y organizando manifestaciones mapuches, pero tp queremos la otra parte que es la española, pues tienen una pesada carga de haber sido los asesinos de nuestra otra mitad, entonces qué somos? por ello puede ser que estamos en una inercia constante, haciendo lo que debe hacerse, sin crear algo nuevo y revolucionario (espero que la palabra revolucionario no suene a comunismo, sino arevolucionario, de un cambio total de lo que hemos conocido en el tema de identidad local y nacional)
Buena entrada.
Buena entrada.
Me parece que esa falta de amor propio que describes es la clave para el surgimiento de proyectos deportivos que puedan identificarse con el territorio en el cual emergen. Y sin eso estos tienen pocas probabilidades de asentarse y tener posibilidaes de desarrollo.
En general, por eso a mi me gusta que esten en primera los equipos que muevan a su gente, tanto en santiago como en regiones. Si no tienes hinchas... que sentido tiene que armis un equipo todos los años???
El fútbol de verdad se vive
El fútbol de verdad se vive en tercera, en los potreros.
Excelente articulo. Creo que
Excelente articulo. Creo que no hay nada más triste que ver a los desarraigados y exitistas hinchas de los equipos "grandes" en las canchas de provincia. Al final, dan lo mismo, no son capaces de nombrarte 3 suplentes del equipo, los titulares los conocen cuando Manuel Villagra los nombra en El Teniente.
Continúe escribiendo.
No se me había ocurrido el
No se me había ocurrido el término huazorras... suena bien, me gustó.
Nuestro famélico fútbol,
Nuestro famélico fútbol, es el fiel reflejo de nuestra idiosincracia.
Excelente crítica a los "huazorras" y demases, que para poder aplacar el invierno en el que viven, se cuelgan del calorcito que da las alegrías ajenas.